lunes, 19 de mayo de 2008

Eramos tan jóvenes

Para seguir pensando el mayo francés,
esta es la pelicula que hay que ver.
Se las recomiendo.
Aca la ficha técnica y el comentario de Alan Pauls.


LOS AMANTES REGULARES (2005)
Francia. Drama. 178 minutos
Título Original: Les Amants réguliers
Director: Philippe Garrel
Intérpretes: Louis Garrel, Clotilde Hesme, Julien Lucas
Formato: DVD Calidad: DVDRip
Idioma: Francés Subtítulos: Español
Link: http://www.imdb.com/title/tt0443844/

Comentario:
Los amantes regulares es la réplica, el antídoto, el golpe de gracia
con el que Philippe Garrel, que en el Mayo francés tenía 20 años, pone
en ridículo y demuele sin apelaciones el kitsch reblandecido de Los
soñadores, de Bernardo Bertolucci, que entonces tenía 27. Los dos
films evocan la insurrección obrero-estudiantil que tuvo en vilo a
Francia a fines de los '60 y tienen el mismo actor protagónico, el
magnífico Louis Garrel (hijo de Philipppe). Pero mientras Bertolucci
aburguesa las combustiones callejeras reduciéndolas a un
ménage-à-trois que ya era viejo en Jules et Jim, Garrel –en casi tres
horas de cine puro, filmado en el blanco y negro más deslumbrante que
se recuerde– les restituye toda su fuerza, su intempestividad y su
valor de acontecimiento. La primera hora del film, casi sin palabras,
se ocupa de la calle: planos quietos, largos, con estudiantes de
espaldas y cascos de moto en la cabeza que contemplan cómo más allá
alguien arroja una molotov o desaparece en una humareda, mientras la
banda sonora multiplica el ruidismo de una rebelión sin forma y sin
rumbo. Todo es lento y vertiginoso a la vez. El tiempo parece
congelado en una violencia teatral, condenada a la repetición. El
resto del film transcurre un año después, casi a puertas cerradas, y
es una historia de amor, la de los "amantes regulares", el poeta y la
escultora, que intentan en vano hacer durar la abrupta incandescencia
del mes más famoso de la segunda mitad del siglo XX. El trío de bellos
libertinos de Los soñadores comparte casa, cama y bañadera, corretea
en cueros por un crujiente piso parisiense y parece actuar para un
público invisible de gerontes desesperados, no por volver a desear,
sino por ver, por reconocer lo que alguna vez desearon: una imagen;
taciturnos y ensimismados, los estudiantes del film de Garrel –con
François y Lilie, los amantes, a la cabeza– hablan en voz baja, viven
sentados en el piso o recostados, adormecidos por pipas de opio. Como
los slogans que Godard escribía en carteles en La chinoise, una frase
política, cada tanto, relampaguea en ese mundo cuchicheado y deja caer
los restos de una pulsión que a meses de manifestada ya parece
marciana. Bertolucci debería ser enjuiciado por malversación de
título: en Los soñadores nadie sueña; todos escenifican el fantasma de
un hombre envejecido que confunde paladear con desear. En Los amantes
regulares, en cambio, sueñan todos. Meses después de mayo del '68, en
la escena más bella de la película, François sueña con... mayo del
'68. Ninguna nostalgia, ninguna misericordia, nada de
autocomplacencia: nocturno y romántico, el film de Garrel es verdadero
porque rechaza la lógica del pretexto en la que se regodea Bertolucci:
el amor como pretexto para la política, la política como pretexto para
el amor.

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