latinoamericana, aquí lo recordamos e invitamos a ver sus homenajes en
la pantalla del canal Encuentro,
hoy viernes seguimos haciéndolo compartiendo con uds.un texto de otro
gran escritor Juan Goytisolo sobre la narrativa de Carlos Fuentes
recorriendo toda su obra y rescatando su último libro que deberíamos
ir a comprar inmediatamente después de leer atentamente este texto
escrito para el suplemento Babelia el sábado pasado.
Leer y releer a Carlos Fuentes
Juan Goytisolo
Pretender abarcar en unas pocas páginas la creación novelesca de
Carlos Fuentes es como intentar apresar con redes el agua del mar. El
océano Fuentes es tan vasto como el de Balzac y tan elusivo y complejo
como el de nuestro común maestro Cervantes. Es un tejido hecho con
trozos de distintas telas que se integran no obstante en un armonioso
conjunto; el laberinto y el círculo de Borges y Las mil y una noches;
un incentivo y fascinador recorrido por el territorio de la lengua de
España e Hispanoamérica.
Internarse en las páginas de sus novelas y relatos, desde La región
más transparente -cuyo cincuentenario celebramos- a sus obras más
recientes, equivale a recorrer un ámbito donde se entremezclan la
realidad y la imaginación, la historia y los mitos, el viejo
patrimonio oral de la humanidad y la audaz innovación artística. Las
ramas no impiden ver el bosque y el bosque nos devuelve a la espesura
de las ramas. La fecundidad de su pluma invita a la aventura de
descubrir lo ignoto y lo sumergido en nuestra propia mente.
La curiosidad omnívora de Fuentes es fruto de su condición de avezado
lector, de lector que transita de una cultura a otra, consciente de
que cada una de ellas se alimenta de las demás. De que una cultura,
como no me canso de repetir, es la suma de las influencias exteriores
que ha recibido a lo largo de su historia. ¡Nada más empobrecedor, y
potencialmente dañino, que el nacionalismo cultural y la busca de esa
pureza castiza sobre la que ironizaba Cervantes!
A menudo se le ha acusado de ser poco mexicano, como se acusa a
Kundera de ser poco checo, y a mí, poco español. Esto es, de salirse
del pequeño contexto nacional en el que se erigen bustos y estatuas a
los héroes del relato patriótico. No cabe sino considerar semejante
reproche como una forma indirecta de elogio. Pues Fuentes es a la vez
un creador y un crítico practicante, sabedor, como Bajun, de que si
una obra no se asienta en el pasado, si se inscribe tan sólo en el
presente, morirá con éste y no incidirá en el futuro. Un repaso a su
Cervantes o la crítica de la lectura nos ayuda a comprender el
universo novelesco de Terra nostra. La reflexión crítica -tan escasa
en nuestros predios- es compañera inseparable de la creación y evita
la trampa fácil de la reiteración, del recurso a lo ya dicho y
redicho. Fuentes no cambia simplemente de tema, cambia de propuesta
narrativa. Su universo es el de la biblioteca de Babel: incluye a sus
autores clásicos, medievales, renacentistas, románticos, a La
Celestina y a Rabelais, a Swift y a Sterne, a Flaubert y a Machado de
Assis. Su obra no sería lo que es sin este cúmulo de lecturas, sin la
estratigrafía literaria en la que se fundamenta su dinámica artística.
La clasificación aproximativa de su narrativa en el conjunto de La
edad del tiempo nos procura algunas pistas para acceder a su
estimulante diversidad. Pero habría que releer una a una las novelas y
relatos agavillados en una quincena de apartados para comprobar que no
se trata de compartimentos estancos. Las fronteras son porosas y, por
lo tanto, mudables. La perturbadora anacronía de Aura no es la de El
naranjo, ni el México de La región más transparente, el de La Silla
del Águila. Según la conocida frase borgiana, "el arte no clasifica,
desclasifica", y la riqueza y la variedad de la creación narrativa de
Fuentes desafían toda tentativa de clasificación. Sus mundos dibujan
una constelación de geometría variable. Podemos agruparlos desde la
distancia mas la agrupación se desdibuja con la cercanía. Hay que leer
y releer cuanto ha escrito para descubrir y trazar nuevas y cambiantes
cartografías. Las realidades brutales de la historia española, del
México de ayer y de hoy y las de todo el continente descubierto por
Humboldt llegan a nuestras manos merced a la pericia del novelista,
tejedor de una trama que se ramifica y se transforma al hilo de los
días. Calar en una página de Terra nostra o de Las dos orillas es
ponerse en franquía para salir al mar y tomar uno de los treinta y dos
rumbos de la rosa náutica. El lector navegante arribará a alguna isla
desconocida y se convertirá en Robinson.
Carlos Fuentes -como Juan Rulfo, García Márquez, Vargas Llosa o Lezama
Lima- es un punto de referencia indispensable de la novela
contemporánea y un exponente de esa modernidad que circula a través de
los tiempos y no recala en lugar alguno. No hay que erigirle estatuas
grandilocuentes sino leerle y releerle como merecido homenaje a su
labor de amanuense y tesón de artista. Su obra le sobrepasa y nos
cautiva. ¿Qué más cabe pedirle a un escritor? -
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