Festival de Literatura de Buenos Aires dando inicio a una serie de
jornadas donde la palabra escrita, el pensamiento y el papel del arte
en la sociedad contemporánea serán puesta en debate y discusión.
Una buena iniciativa que espero se repita otros años y en otros
lugares del país.
Es por ello que aca les acerco la entrevista que Gustavo Santiago
realizó via mail con el intelectual italiano y que el sábado pasado
publico en el suplemento cultural de La Nación adn.
La transcribo completa porque da gusto leerla y ver como piensa uno de
nuestros filófosos fundamentales y que está a la vuelta de todo.
Prometen que visitará Córdoba prontamente así que mañana jueves 13
pueden pasar por la Universidad Católica(sede del centro en Obispo
Trejo casi Duarte Quirós) a buscar las entradas para escucharlo. Os
recomiendo fervorosamente por el un placer supremo escuchar y,
fundamentalmente, leer a Vattimo.
Suerte a mis amigos queridos que hoy se darán cita en el Malba para escucharlo.
Buen miércoles per tutti y lean esto que es un bocato di cardenale.
Hacia el final de la década del 70, un pequeño número de filósofos,
encabezados por Gianni Vattimo y Pier Aldo Rovatti, se atrevía a
sostener que las ideas "fuertes", que se pretendían sustentadas en
sólidos fundamentos, debían dar paso a nociones más ligeras, abiertas
a la pluralidad. Apenas unos años más tarde, el "pensamiento débil"
llegó a gozar de una popularidad inusual para una corriente
filosófica. Eran los tiempos en los que la disputa
modernidad/posmodernidad ocupaba el centro de la escena cultural. En
diálogo con adn cultura, correo electrónico mediante, Vattimo, que la
semana próxima visita la Argentina, revisa aspectos controversiales de
su producción y destaca la importancia de la perspectiva débil para
construir una sociedad democrática y pluralista, que promueva la
caridad y el respeto por la libertad.
-Han pasado treinta años desde el surgimiento del "pensamiento débil".
¿Cómo fue aquel comienzo? ¿Qué llevó a su formulación?
-El pensamiento débil se inició para enfrentar el carácter absoluto de
algunas ideologías, entre las que se encontraba el marxismo. Algunos
filósofos queríamos señalar la imposibilidad de seguir hablando de una
razón central, de una razón omnicomprensiva del mundo. Es decir, algo
semejante a lo que Lyotard iba a anunciar en aquellos años como "el
fin de los metarrelatos".
-¿En qué se sustentaba esa perspectiva?
-Estas ideas surgieron como una derivación o una especie de síntesis
de Nietzsche y Heidegger. Pero de un Heidegger al que podríamos llamar
"de izquierda". Desde mi perspectiva, el gran error de Heidegger, que
hizo que se inclinara hacia el nazismo en 1933, fue no haber sido
radicalmente nihilista. Eso lo llevó a pensar que se podía reconstruir
una sociedad presocrática, preclásica, premetafísica, recurriendo a la
mitología nazi. Como si el nazismo fuera una posibilidad de salir
efectivamente de la metafísica. Esto fue un error político y también
filosófico.
-En su autobiografía, usted recuerda que en los años 80 las
discusiones sobre el pensamiento débil colmaban grandes auditorios.
También eran numerosos los filósofos que decían sostenerlo.
Actualmente, sin embargo, se oyen muy pocas voces de apoyo.
-Es verdad que hay una diáspora de los autores del pensamiento débil.
Pier Aldo Rovatti es uno de los pocos que permanece fiel al
"debilismo" desde los primeros momentos. Aunque desde el comienzo él
tenía una versión de la debilidad un poco diferente de la mía, menos
ontológica y más fenomenológica; menos heideggeriana y más
husserliana. Pero hubo autores que colaboraron con nosotros, como
Umberto Eco o Maurizio Ferraris, que ahora dirían cualquier cosa de sí
mismos excepto que son débiles. Para mí, en Eco sigue habiendo
manifestaciones del pensamiento débil.
-¿Por qué cree que se produjo este cambio en la consideración de los
intelectuales?
-Yo atribuyo esta situación al predominio de la derecha en el
pensamiento actual. Hay un fuerte retorno al "realismo", desde el cual
se afirma que lo que debe hacer la filosofía es analizar los hechos,
ayudar a los saberes científicos, pero de ningún modo imaginar una
alternativa a la realidad tal como es. Hay un retorno al orden, a la
"normalidad". Y el pensamiento débil no ayuda en esto. Aunque algunos,
interpretando mal la idea de debilidad, acusaron también al
pensamiento débil de ser reaccionario, conciliador con la realidad
neocapitalista. Pero nunca fue así.
-Sin embargo, ésa es una idea muy extendida en el mundo intelectual.
¿Usted cree que se trata de un simple error de comprensión?
-También puede estar ligado a una distorsión, quizá intencional. En
Italia hemos tenido un período de corrupción política que en aquel
momento se aliaba muy bien con un pensamiento que se decía débil. Como
si el pensamiento débil fuera la negación de los valores filosóficos
definitivos y sólo eso. Esa idea se utilizaba para justificar una
política pragmática y corrupta. Pero, obviamente, eso es algo con lo
que yo nunca he estado de acuerdo.
-¿Cuál fue su posicionamiento en relación con el neoliberalismo en los años 80?
-Personalmente, nunca fui neoliberal. Sí puedo decir que en aquellos
años me sentía comprometido con una política de "socialismo ligero",
con la idea de un socialismo un poco menos autopunitivo, un poco menos
austero. Pero nunca he estado a favor del neoliberalismo. Quizá el
texto en el que he podido dar esa idea es La sociedad transparente .
Allí afirmaba que la lógica misma de los mass media conducía a una
multiplicación de las interpretaciones que me resultaba una lógica
liberadora, emancipadora. Yo decía que cuando alguien tiene un solo
canal de televisión en la casa puede tomarlo como un Dios. Pero si
tiene veinte, no creerá en ninguno de ellos porque al multiplicarse
las voces se multiplican las interpretaciones. Pero cuando al comienzo
del 2000 Berlusconi ganó las elecciones en Italia, publiqué una nueva
edición de La sociedad transparente con un capítulo donde confesaba
una cierta desilusión frente a la posibilidad intrínseca de los medios
de funcionar como instrumentos de liberación, aunque sin llegar a
pensar, como Adorno, que los medios como tales son totalitarios. Lo
que veo es una resistencia del capital a la pluralidad, que lo lleva a
monopolizar los medios e intentar hacerlos servir a una sola voz. La
multiplicidad de interpretaciones es bloqueada por razones políticas y
económicas. Por ello, se necesita una política que favorezca la
pluralidad de las voces y esto es realmente difícil de lograr.
-Usted suele citar un verso de Hölderlin que también le gustaba a
Heidegger: "Allí donde crece el peligro crece también la salvación".
¿Cuáles son los peligros que más lo preocupan en la actualidad desde
una perspectiva política? ¿Vislumbra la gestación de alguna salvación?
-En este momento me parece que hay estructuras internacionales que
controlan las políticas nacionales de un modo tan rígido que yo no
veo, en Europa o en Italia, la posibilidad de cambiar mucho. Por
ejemplo, la experiencia de centro izquierda italiana con Prodi me
desilusionó muchísimo porque ni siquiera Prodi, que era un hombre con
buenas intenciones, honesto, ha podido cambiar mucho. ¿Y por qué no?
Porque estamos en un sistema (la Unión Europea, el Pacto Atlántico,
etc.), que nos impide manejar nuestra política. La única zona del
mundo que me parece todavía prometer algo es Latinoamérica.
Efectivamente, lo que pasó en los últimos años en América latina,
empezando con la resistencia de Cuba y después con Venezuela, con el
Brasil de Lula, con la Argentina, me parece que promete no,
obviamente, una revolución o una guerra en contra de los Estados
Unidos, pero sí una posible modificación del equilibrio, del balance
de los poderes internacionales. Yo siempre he soñado con una alianza
entre la Unión Europea y Latinoamérica como alternativa a los Estados
Unidos. Aunque, desde luego, no en términos de enemistad militar.
-¿Cuáles serían esos signos alentadores que encuentra en América latina?
-Lo que veo es una forma tentativa de socialismo. Soy consciente de
los límites del chavismo, pero me parece que la utilización que ha
hecho Chávez del dinero del petróleo es algo fundamental. Es cierto
que en Venezuela tiene una fuerte oposición, pero también es cierto
que quienes lo cuestionan provienen de las clases acomodadas, que son
las que han perdido los privilegios. Pero es innegable que los pobres
tienen más asistencia médica, más posibilidades de instrucción. Hay
muchísimos elementos problemáticos del chavismo, pero creo ver allí la
posibilidad de un socialismo un poco diferente del que conocíamos.
También la veo en Evo Morales e incluso en Lula, aunque obviamente,
como Brasil es el país más grande de América Latina, tiene más
dificultades para actuar. No sé bien hasta qué punto se podría tener
otra esperanza. ¿Qué podemos esperar? ¿Que Europa, por ejemplo, se
transforme? Europa está dormida y resignada. Hay una pérdida total de
confianza, la gente no participa más en la política.
-Para quien no haya leído sus textos, esta apelación al compromiso
político puede resultar tan sorprendente como su retorno al
cristianismo luego de recorrer las sendas de Nietzsche y de Heidegger.
-Escribí un pequeño libro que se publicó en español hace dos o tres
años, que se llama Ecce Comu , título que ironiza un poco con Ecce
Homo de Nietzsche, en el que postulo algo así como un "anarco
comunismo". Y, aunque parezca extraño, esta especie de comunismo que
sostengo está relacionado con mi cristianismo y con los filósofos que
usted mencionaba. Yo no pienso que mi retorno a mi religión de
juventud sea simplemente un hecho de salvación individual. Uno no se
puede salvar individualmente, sino con su propio mundo, con su propia
situación social, con los otros. Como debilista, yo soy cristiano. La
única filosofía cristiana que me parece existir hoy es el pensamiento
débil. El pensamiento débil me parece una traducción filosófica del
mensaje de la encarnación de Dios. Dicho de otro modo, la encarnación
de Dios es una manera de desmentir todas las imágenes de lo divino
como trascendente, como absoluto, como juez, para sustituirlas por la
de un Dios que se hace hombre. La verdad del cristianismo no es la
idea de que Dios existe en alguna parte en el cielo, ni que Jesús está
sentado a la derecha del Padre. Cuando Jesús dice: "Yo estoy presente
cuando dos o tres de ustedes se reúnen en mi nombre", no lo hace para
decir que Dios está presente incluso de esta manera. Significa que
Dios está presente sólo de esa manera, en la cara del otro, en el
encuentro con el otro. La Iglesia no siempre interpreta la Escritura
literalmente. Pero decide ella misma cuándo se trata de tomarla al pie
de la letra y cuándo no. Hay todo un sistema de pensamiento
pontifical, tradicional del catolicismo, que afirma que hay una
naturaleza que sólo la Iglesia conoce y que deviene la base de su
propia autoridad incluso en lo moral. Todo esto es básicamente no un
respeto por la naturaleza, sino una voluntad por parte de la Iglesia
de preservar su propio poder.
-En su autobiografía usted afirma que "el único pecado verdadero es la
falta de caridad".
-Amor es ante todo la caridad cristiana. En el amor existe aquello que
Santo Tomás llamaba la amistad conyugal. Esto es algo más que la
pasión inmediata. El amor incluye problemas, sufrimiento. Por ejemplo,
yo soy doblemente viudo, he estado con dos chicos más jóvenes que yo,
que lamentablemente se murieron antes que yo. ¿Qué hace un viejo
viudo? Con mis años, con mi barbita blanca, difícilmente llegue a
seducir a alguien. Yo sufro esta espina en la carne. Para los jóvenes
esa espina es el deseo, que nunca se acaba completamente, que lleva a
la tentación. Yo tengo una suerte de nostalgia y tengo que vivirla más
o menos como vivo mi finitud. Un amigo me dice, en broma, que yo no
soy heterosexual ni homosexual: a mi edad soy más bien "veterosexual".
Y algo de razón tiene. Lo que no hay que olvidar es que en el eros hay
también mucha caridad. Cuando el otro me gusta con su cara, con su
cuerpo, y entre nosotros no hay opresión, ésta es una forma de
caridad. El placer que allí surja no puede tener nada de malo, de
pecaminoso. ¿Por qué tiene que estar Dios contra el placer?
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