lunes, 18 de agosto de 2008

Un almuerzo de colección

Hoy el genial Peña, el gran Fernando almuerza con la reina de los
almuerzos de la televisión en un almuerzo que es de colección ya que
dos personas muy diferentes ( y en algún puntos bastantes semejantes)
hablan sin filtros y a calzón quitadado de cosas que habitualmente la
televisión no aborda.
Un almuerzo para disfrutar y pensar sobre temas que , a veces, no abordamos.
Un plebeyo con una reina en un cruce para alquilar balcones y escuchar
atentamente.
Con esa excusa comparto la nota que hoy publica Critica de la
Argentina en donde Peña nos analiza como sujetos sociales.
A disfrutar esta nota y a las 13:30 a ver la Chiqui.
Chau chau

Nosotros, los demás
Fernando Peña

Y siempre están los que visten uniforme. Ésos a los que uno no se los
puede imaginar haciendo otra cosa que lo que estan haciendo. No tienen
vida propia, no tienen pasado ni futuro. Los que visten uniforme son
ese verticalísimo y definido instante. Son cuando los vemos y existen
solamente cuando los necesitamos. Nosotros, los de civil, no los
autorizamos a ser humanos y ellos obedecen en el acto. Pasan
inadvertidos y veces los envidio, son casi invisibles. No tienen
tonos, ni matices, ni colores. No se puede saber si tienen buen o
malhumor… No tienen humor. Tienen rutina, conducta y resignación.
Tienen su barrita con su nombre, sin embargo no tienen mucho nombre.
No tienen vergüenza, no se asustan ni se sobresaltan. No se apuran ni
se retrasan. Tienen un tiempo aparte, el tiempo del sistema de la
computadora, el tiempo del servidor. Los tiempos de los trámites. Los
tiempos que tardan las cosas en estar listas. Cuando las cosas deciden
estar listas, ellos terminaron su tarea. No sea usted ingenuo, mi
querido ciudadano, no piense jamás que ellos hacen que las cosas sean
posibles… todo lo contrario, ellos tratan con todo lo que está a su
alcance para que las cosas no salgan… el tema es que las cosas salen
solas y finalmente terminamos con ese trámite tan fácil.

Cuando estoy siendo atendido –si cabe el término– por uno de uniforme,
siempre pienso y me consuela un poco el hecho de que ese energúmeno
también en sus días libres tendrá que soportar a otro de uniforme, y
ése a otro, y ése otro a otro, y así hasta que el primero que se sacó
el uniforme se lo ponga otra vez y vuelva a sus menesteres. También
pienso que los de uniforme tratan de esa forma tan deforme a los
civiles porque han sido maltratados por alguno de uniforme cuando eran
ellos los civiles. La venganza de los de uniforme se llamaría la
novela y contaría la historia de nuestra incivilización organizada.

Los de uniforme no tienen piedad y nada les importa demasiado. Nuestra
urgencia o nuestra necesidad no los altera en absoluto porque su mayor
defecto es que jamás, pero jamás, se ponen en nuestros zapatos, y no
lo hacen porque es un zapato de otro color. Es un zapato de color
civil, de color humano. Si el zapato tiene su mismo color, si es un
zapato de uniforme, entonces sí se lo calzan.

Lo que quiero decir con esto es que los de uniforme atienden mejor a
los de uniforme. Esto es patético y es una vergüenza pero también es
totalmente entendible: son de la misma casta, del mismo equipo.

En un grupo de personas se forman equipos en todo momento. Es como un
partido de truco. Los guiños que se cruzan los del mismo equipo son
inentendibles y son sólo para los de ese equipo, por eso las
sociedades fallan. No tenemos tanta paciencia para todos. No tenemos
tanta compasión para todos. Apenas tenemos tiempo y ganas para los
nuestros.

Los albañiles se entienden, se respetan entre sí nada más, se burlan
del capataz y del maestro mayor de obras. Los empresarios sólo van a
los velorios de otros empresarios y los médicos hablan entre ellos
nada más. Los policías se sonríen solamente y únicamente con otros
policías y los famosos sólo atienden el telefono cuando es otro
famoso.

Llamar al 110 es saber que nos sometemos al destrato y a ser una
molestia. El cajero del banco siempre en el fondo está deseando que no
tengas el DNI. El aduanero en lugar de cuidar sus tierras está
esperando hambriento el bagayo. Los que te instalan el cable ruegan
que no estés cuando llegan en el rango tan amplio que te dio la de
ventas, esto es de 8 a 14, y la empleada de la aerolínea no es feliz
si por fin te da el upgrade.

Hay montones de maniquíes malvados en puestos con nombres ficticios
como el de "atención al cliente". No jodamos más, la atención al
cliente no existe. Basta, señores creativos, de mostrarnos con avisos
pretenciosos que las empresas nos quieren y que sus empleados sonríen
con Kolynos. Basta de "es un consejo de…", basta de "te esperamos…",
basta de "protección total…". Nadie nos espera en ningún lado, ni
nadie nos proteje de nada.

Qué triste es saber que nadie está para servir verdaderamente. Qué
desesperación me da saber que los que estan ahí afuera para ayudarnos
no nos quieran ayudar.

Qué angustia sofocante me da saber que la sociedad está compuesta por nosotros.

"Eeeh… Peña, andás enojado". Sí, ando enojado, ¿y?

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