Seguimos con las frases, las cosas dichas y citas que parecen nos siguen haciéndonos reflexionar sobre nuestro estado de cosas y el mundo que habitamos.
Un INTELECTUAL con todas las letras y con el nombre ganado a mucha honra el sábado pasado dialogó con Ivana Costa de la revista Ñ (suplemento cultura de Clarín) y entre muchas cosas cosas que desarrolló me interesó esta en torno a la idea de revolución.
¿Cuál es su reflexión sobre la revolución?
Cuando se habla de revolución se alude a un cambio cualitativo pero no todo lo que se dice revolución lo es. Me atengo a cuatro revoluciones que se propusieron cambiar el mundo y a la humanidad toda: la Revolución Rusa, la China, la Cubana y la Revolución Francesa. Todas tienen un esquema común (al caso chino tengo que estudiarlo mejor) y es que golpean dos veces: primero con un periodo democrático y luego con la dictadura del proletariado pero ahí empieza en verdad la dictadura del partido. Lenin y Trotski inician la burocratización, instalan el primer campo de concentración, fusilan sin contemplaciones a los
enemigos y crean las condiciones para el stalinismo.En cierto modo, Trotski prepara sin querer su propia derrota en la disputa por la herencia leniniana. La Revolución Cubana es más o menos lo mismo: un periodo democrático y un segundo golpe en el que quitan del medio a Urrutia y Fidel Castro empieza a reinar de un modo cada vez más despótico.
Bueno, etimológicamente revolución quiere decir dar vueltas sobre el mismo eje, volver al mismo punto de inicio.
Pero acá no se vuelve al mismo punto. La revolución se vuelve un monstruo totalitario. Siempre hay una suerte de desenlace monstruoso de las revoluciones. Acá tenemos no sé qué complejo de culpa y no se puede hablar mal de Cuba. No nos atrevemos a decir que es una revolución fracasada, donde sólo se hace lo que Fidel dice, donde se fusila o envía a prisión a la gente por querer abandonar el "paraíso". Lamento disentir en esto con casi toda la izquierda argentina. Personalmente, me inclino por una democracia cuya tarea sea incrementar indefinidamente el máximo de igualdad y de libertad. En Cuba hubo medidas igualitarias, pero no había libertad, entonces dejaron de ser igualitarias porque la clase dirigente tiene mejores recursos que los demás. Puede haber libertad de prensa en un régimen oligárquico, por ejemplo la Argentina de principios del siglo XX, pero esa libertad está limitada por el hecho de que la mayoría carece de medios para ejercerla, Hay una repartición desigual de la libertad y se trata de incrementar a la vez los dos aspectos. No es demasiado profundo lo que digo: para mí no hay ningún fin de la historia, ningún paraíso terrenal ni mundo feliz, sino un continuo bregar de las fuerzas progresistas para aumentar la libertad y la igualdad.
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