domingo, 3 de agosto de 2008

Pérez Celiz gracias por tu arte!

Se nos fue un grande de nuestras artes plásticas.
Alguien que trabajó mucho y acerco el arte al público masivo con sus
murales, esculturas y cuadros.
Un inquieto que ayer a la tarde se fue de viaje a otros mundos, mucho
de los cuales pintó en su innumerable obra que aqui en pequeña medida
compartimos con uds.
y para aquellos que no saben quien fue aquí una reseña de su vida, de
su arte y su aporte a las artes plásticas.

Pérez Celis, uno de los artistas más populares de la Argentina, aquel
que pintó un mural en la Bombonera, dejó obra en el Museo de Arte
Moderno de Nueva York (MoMA) y expuso hasta en Japón, murió ayer a los
69 años en el sanatorio Otamendi, donde estaba internado a raíz de una
enfermedad en la sangre que llegó a requerir transfusiones diarias.

Pérez Celis nació en Buenos Aires en 1939 y vivió también en Uruguay,
Perú, Venezuela, en París y en Nueva York. Se llamaba en realidad
Celis Pérez. Pero, según contó muchas veces, invirtió los términos
inspirado en cómo se pasaba lista en la escuela "Pérez, Celis".
Dibujaba desde chico, pese a que sabía que en una familia obrera la
pintura no sería considerada con facilidad un trabajo. Y estudió
Bellas Artes.

"La primera exposición –relató una vez– la hice a los 17 años en una
vieja galería que se llamaba La Fantasma, en San Telmo. No sé cómo
llegué con las telas y cartones, pero recuerdo que salió la primera
nota periodística en el diario Democracia. Ese día me trajeron el
desayuno a la cama." Empezó su carrera con pintura figurativa clásica,
académica. Lo influyó después el arte abstracto, que era el paradigma
de la vanguardia en la modernidad. Y él, aunque luego incursionara en
otras corrientes, siempre sería eso: un experimentador, pero con
popularidad y prensa.

El auge del informalismo lo llevó a soltarse y empastar piezas
geométricas. Y, con su indagación constante, obsesiva, se convirtió en
un símbolo de un concepto floreciente: el de "arte latinoamericano".

Rafael Squirru, crítico, fundador del Museo de Arte Moderno de Buenos
Aires, y amigo del artista, señaló: "Lo novedoso es que, además de
haber asimilado la impronta neoyorquina, por primera vez asoma en
alguna de sus telas eso que los caribeños llaman 'negritud' y que está
presente no sólo en plásticos como el cubano Wifredo Lam y la fuerte
escuela de artistas dominicanos y puertorriqueños, sino también en
poetas como Palés Matos o Nicolás Guillén.

Lo que digo puede verificarse de modo especial en aquellas obras en
las que emplea una suerte de punteados que hacen acudir a la memoria
las decoraciones de máscaras y pinturas con las que se tropieza a
menudo en esa área afroamericana y que, en cierto modo, era la única
que aún no había incorporado a su bagaje cultural el voraz apetito de
Pérez Celis".

A principios de los 70, Pérez Celis empezó a buscar la
tridimensionalidad. Y siempre explotó la fuerza de las formas, su
dinamismo, pero también la del color. Declaró alguna vez que una obra
tenía que tener "sangre".

Entre sus fuentes estuvieron la Misa Criolla, los poemas de Walt
Whitman traducidos por Borges, el sol y Gardel, "primer astronauta del
Espíritu, porque llegó al espacio interior, al espacio profundo de
nuestro espíritu", según escribió para un póster que se publicó en la
revista Antena en 1972.

Legó una vasta obra, entre la que se cuenta el primer plano de
Quinquela Martín mirado desde atrás por él mismo, un autorretrato
oscuro, los retratos de las mujeres que amó, Sara, Iris, Tamara. Y
Mitos y destinos, el mural de Boca. "El fútbol –dijo– es una actividad
que considero superior, porque debe ser la única donde el hombre no
usa las manos. Eso le otroga una originalidad increíble."

El artista también dejó su marca en varios espacios públicos, como la
Universidad de Morón, la Universidad de Belgrano o el Patio de Madera,
en Rosario. Su obra se exhibió en muestras individuales y colectivas
en América Latina, Estados Unidos, Canadá, Europa y Japón. Hay
publicaciones sobre su producción en diferentes idiomas y su hija
publicó Pérez Celis, mi padre, una biografía amorosa y crítica.

El reconocimiento de la gente fuera del mundo del arte, los premios a
su obra, el nombramiento de ciudadano ilustre de Buenos Aires y la
presencia de su trabajo en colecciones lo alegraban, pero no
necesariamente lo convencían de la consagración como artista. Pérez
Celis no se animaba a llamarse así. Decía que creaba cuadros y que
sólo el tiempo podía decir si ellos, libres como hijos, merecían esa
calificación. "Fui un inconsciente –comentó alguna vez– que me dejé
llevar."

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