todas las letras que esta fuera de rencillas y capillas literarias,
bah conociéndolo a través de sus escritos creo que aborrecería estarlo.
Tiene autoridad para decir las cosas que dice, es un estudioso de
nuestra literatura ( y sus elecciones afectivas a la hora de estudiar
y abordar objetos de estudio también) y además es un tipo que está
atento siempre a los cruces, los nuevos aires y a la psoibilidad de
patear el tablero.
Mis alumnos saben de predilección por él ya que es bibliografía básica
en el lugar donde estoy y sus libros nunca están en mi biblioteca ya
que siempre anda de préstamo.
Desde su blog que, desde aquí se puede linkear ( ya lo dice él mismo
es un link), uno puede darse un paseo por diversos temas, relatos y
temas que él desde su prosa sabe como hacer accesibles y queribles.
En esta entrevista pueden conocerlo un poco más, la excusa es su
último libro de relatos Mafia Rusa ( que presentará en Córdoba el 20
de septiembre), pero pueden leer toda la obra de este autor porque es
un experiencia interesante.
Monserrat y Los años 90 son geniales en el terreno de la ficción.
Sus recopilaciones y trabajos en torno a la figura de Rodolfo Walsh
son insolayables para cualquier estudioso de la literatura y amante de
la palabra.
Y sus libros teóricos como Clases. Literatura y Disidencia y
Literatura argentina: cuatro cortes son iluminadores en muchos
aspectos.
Nos falta conocer su teatro pero imposible viviendo aquí lejos de la metrópli.
Pero bueno pasen y lean a uno de los continuadores de Manuel Puig y
Rodolfo Walsh y que ya ha dejado ( y lo seguirá haciendo) un mojón
importante en la cultura argentina y latinoamericana.
La entrevista salió en la edición de Crítica. Y no dejen de leer su
blog es imperdible, de lectura diaria, diría yo.
"No hay una vida más aburrida que la de un escritor"
–Sí –dice el escritor, enfático– soy un link de verdad.
Colgado de una rama genealógica que parece sacada de la red, este
escritor y también blogger, conocido por sus libros, pero también por
su Linkillo, blog con que testifica sus peripecias diarias, nació
efectivamente siendo un hipervínculo de carne y hueso. Y también,
según lo ha expuesto –cubierto a medias por la ficción– en su último
libro de relatos mafia rusa, el escritor Daniel Link, apenas nació,
linkeó inmediatamente con la pobreza.
–¿Usted fue pobre?
–Sí –dice–, seguramente no tan pobre como aparece en el libro, algunas
cosas están un poco exageradas y otras son seguramente malas
interpretaciones mías.
Link, parcial niño pobre hace cuarenta años, es hijo de dos
trabajadores obligados a la jornada diaria para sostener una familia.
A través de algunos de sus relatos de mafia rusa, el lector nota,
enternecido, que Link tuvo carencias materiales y, por citar un caso,
en una de estas narraciones el presunto niño Link se ve obligado a
robarle a un compañero su libro de estudio.
Ahora Daniel Link, el adulto que está en sus cuarentas, concluye, con
entereza y sentado en un sofá de su departamento del barrio Monserrat,
que él proviene de la clase trabajadora. Admite, eso sí, que le gusta
llevar una vida de riqueza simbólica.
Link, dice, es rico en experiencias, rico en relaciones, rico en
conocimientos y rico en capacidad para pensar. Un millonario etéreo
que se gana la vida como profesor universitario, que escribe libros
por necesidad existencial, que alimenta dos veces a la semana un blog,
todos los días a sus gatas y que ahora se vio en la metafísica
tentación de alimentar con su propia vida estos quince relatos
editados por Emecé.
–¿Le dio pudor ser tan autobiográfico en este libro? –se le pregunta,
constatando en la lectura, que los textos recorren sus viajes, su
niñez y su vida de literato.
–Supongo que en el momento en que puedo sentarme a escribir de estas
cosas es porque perdí todo pudor al respecto. Todo es un proceso de
vaciamiento. El neurótico es aquel que guarda muchos secretos y me
parece que eso no vale la pena. Más vale vaciarse de eso que puede
llegar a molestar.
Link, incansable adicto al autorretrato, dice que siempre ha escrito
acerca de sí mismo. Justifica la egolatría y recuerda una frase de
Ricardo Piglia, quien una vez le dijo que sólo publica novelas para un
día poder publicar su diario de vida.
–Pero usted ¿es una persona interesante?
–¿Si yo soy interesante? –Link se asombra. El entrevistador capta que
la pregunta podía transmitir agresividad y asiente con titubeos. Link,
que cada respuesta la transforma en una introspección, responde,
honesto, que no, no es interesante. La vida de un profesor, de un
intelectual, no es atractiva. Se trata, dice, de encontrar las
pequeñeces del mundo, la poca carne que uno puede extraer de ese
hueso. Entonces, medita, tira el humo al techo, y agrega:
–No hay vida más aburrida que la de un escritor. No tiene ningún
atractivo por sí misma, salvo la inclinación a la pereza.
–Eso ya es interesante, Daniel –se le dice con determinación.
–Y, claro, un lector alejado de los rituales de la literatura puede
pensar eso de "pero este tipo vive al pedo" (el entrevistador sonríe
imperceptiblemente). Pero la situación es más compleja porque un
escritor pasa la mitad del tiempo escribiendo mentalmente y la otra
mitad pasando al limpio.
Link escribe mucho con la mente ("es un registro de conciencia"). Por
cada lugar que transita, el hombre va rescatando fragmentos con el
cerebro. Por eso se reconoce un escritor mental obsesivo.
A la hora de escribir con las manos, Link elige la mesura y sólo lo
hace por las tardes y por las noches. Se levanta generalmente a las
diez de la mañana y dedica la primera parte del día a trámites
ciudadanos. Parte de esto se retrata en el cuento "Parpadeos" de su
último libro. Dos escritores destinan toda una mañana a hablar por
teléfono, sin apuro, analizando sus vidas.
Un amigo escritor, Pablo Pérez, le dijo a Link que era un cuento
maricón. Link le dijo que él, Pérez, escribía cosas mucho más
mariconas. Entre tanta mariconada se produce un clima distendido y
Tita Merello, la gata, aprovecha para cortejar al entrevistador y
también pasa un hombre fantasma que va de un pasillo a la cocina
("¿Quién es usted, señor?" es la pregunta que nunca se le hizo) y a
las dos de la tarde, hora peak del día laboral, parece que todos
tienen ganas de cebar unos mates. ¿Siempre será así la vida de los
escritores?
–Quizás sea así para un escritor que viva de su escritura –dice Link–,
pero yo no vivo de la escritura. No es mi trabajo. No podría comprar
ni siquiera alimento para mis gatas si dependiera de mis derechos de
autor. Yo tengo obligaciones que cumplir y las cumplo.
El lector capta en Mafia rusa que, además de la tendencia
autobiográfica, hay una inclinación a la prosa elaborada. Link dice
que no le gusta escribir como habla. Link, en su interior, aspira a
escribir frases realmente largas. Le gustaría escribir esas frases
majestuosas y elegantes que logra escribir Alan Pauls. Alan Pauls,
dice, es el mejor escritor de su generación. Otros escritores de su
generación son Daniel Guebel, Sergio Bizzio, Juan Forn y Rodrigo
Fresán. Link dice que no forman un grupo y dice que, a lo sumo, son
como una constelación, cada cual por su lado, unidos en el espacio.
–¿Cómo juzga el estilo de Mafia rusa, Daniel?
–Yo no sé si los demás pueden llegar a reconocer un texto y decir
"mirá, esto es de Link", no sé (el entrevistador se ve algo presionado
y susurra: "Pero por supuesto, Daniel"). Mmm, yo no lo sé. Y también
es verdad que el estilo se compone no tanto de recurrencia como de
ausencias. Yo tengo gran talento, creo, para hacer diálogos, pero
tengo más dificultades con la descripción.
–¿Y el blog, Linkillo, le ha servido en su literatura?
–El blog es una especie de espacio quimérico donde todo queda
guardado. Tiene eso de "a ver, vamos a probar con esto a ver qué
pasa". Es saber qué efectos produce la prosa que uno escribe. Permite
que uno evalúe su propio discurso, y...
Link seguía hablando, mientras el entrevistador lo quiso traer de
regreso desde el espacio. Entonces le habla, tangencialmente, de sexo.
Link, juntando todos sus pensamientos, piensa alrededor de una hora y
media al día en sexo. El lector puede recordar que, en un cuento de
Mafia rusa, un escritor tiene una erección matinal. Se hace la pausa y
se le pregunta:
–¿A usted, como uno de sus personajes del libro, se le para
el pene por las mañanas? (serio)
–¿Eh?..., y..., pero eso depende mucho de la vejez.
–¿Ya no se le para el pene por las mañanas, Daniel? (imperturbable)
–Bueno, sí, todavía tengo esas cosas que suceden, si es que he soñado
con alguna cosa interesante.
El escritor Link es, finalmente, ese hombre común. Ese hombre que
vende 800 libros, que no hace deportes, que a veces, al viajar, se
unta la cara con crema facial, que hace zapping, que sintoniza los
Juegos Olímpicos y que se erecta en las mañanas. Y, como él dice, si
uno introduce en la red "Daniel Link", tendrá tres vínculos: un
cantante gay de canciones folk, un neurólogo especializado en
trastornos de comportamiento y también ese argentino que hace poco se
vinculó con la mafia rusa. Ese argentino común y corriente que no
puede ser otra cosa que un simple escritor.
Cuentos autobiográficos que se sostienen como postales
Lo primero que podría notar el lector es que Daniel Link ha hecho un
libro de cuentos con su vida. Ocurre que este escritor, en la mayor
parte de este conjunto, se utilizó a sí mismo como materia de estudio
y casi podríamos decir que escribió una autobiografía en catorce
capítulos.
Abundan los cuentos protagonizados por un escritor o por un niño pobre
que más tarde se transformará en escritor ("Yo fui pobre") o por un
escritor, sumamente similar a Link, que retrata impresiones de viajes
que con toda seguridad también ha realizado Link (Migrar es morir un
poco).
El lector, por cierto, no tiene por qué suponer que ese personaje es
el autor. No debe suponer que ese escritor que habla por teléfono una
mañana con un colega es el autor ("Parpadeos"). Es irrelevante. La
calidad de un relato, sabemos, no necesita ningún tipo de antecedente
para poder sostenerse, debe hablar por sí solo y etc. Y, en ese
contexto, al menos para este subjetivo lector, hay cuentos que no se
sostienen propiamente como cuentos.
Se sostienen como postales, como composiciones o hasta fotografías.
Son postales, composiciones o fotografías escritas con una prosa
depurada y elegante y a este subjetivo lector le gustaron como tales y
le parece que quizás no tenían un propósito mayor que ese objetivo.
Hay momentos en que parecen ejercicios de escritura decorados con
agudas reflexiones de Daniel Link. Lo peligroso de los ejercicios
autobiográficos puede ser que a veces la vida de uno puede resultar
realmente interesante para uno mismo, pero quizás mucho menos para los
otros o para los que no nos conocen.
De manera que es un libro que apuesta por la mixtura, que alterna
realidad e imaginación, y que parece que su mayor trascendencia no
será literaria, sino personal.
Más que un gran libro, Mafia rusa puede ser visto como un conjunto de
relatos que marcan un proceso interno y literario que sigue Link. Esto
de mezclar géneros que cada día les resulta más y más interesante
desarrollar a los mismos escritores.
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