un espacio que hace un tiempo viene brindando la palabra y el espacio
a referentes de nuestra cultura nacional.
Galileo es el lugar que hoy le da la posibilidad a un gran escritor
argentino de dialogar con el público.
Ganador del Premio Herralde por su último novela Ciencias Morales y
dueño de un curriculum destacable este pensador hoy disertará sobre
aspectos de la literatura nacional y del placer de escribir.
Para no perderselo así si pueden vayan.
El espacio Galileo se encuentra en la avenida Gauss 5700, Villa Belgrano.
A continuación un texto de martín donde cuenta su trayectoria como
alumno y su relación con las letras y sus maestros.
Martín Kohan, doctor en Letras; escritor y docente en la Facultad de
Filosofía y Letras
Podría distinguir entre mis profesores de Literatura del colegio
secundario (al igual que entre los profesores de la universidad, y
entre los críticos literarios, y entre los investigadores, y entre los
escritores) a aquellos que se ocupaban de la literatura porque les
interesaba muchísimo, a veces incluso más que nada, y aquellos que lo
hacían pero podrían perfectamente haberse dedicado a alguna otra cosa.
Hice mi secundario en el Colegio Nacional de Buenos Aires entre 1980 y
1985. Las clases de Literatura que tuve en el colegio a lo largo de
seis años tuvieron características bastante diferentes. Hubo
profesores que administraban textos y análisis con el desgano de un
funcionario público y hubo profesores que transmitían exactamente eso
que uno ya sospechaba: que la literatura podía sentirse como un mundo
preferible a todos los demás.
Tal vez no había diferencias metodológicas tan acentuadas: en ambos
casos había lecturas en clase y creo que guías de preguntas. Manuales
no. La diferencia era más que nada cualitativa: si había o no
vibración en las lecturas, o si las preguntas de las guías suponían o
exigían –de los estudiantes, pero también de los docentes– alguna
clase de compromiso particular con el texto y con su lectura, o si
eran un simple trámite que en el fondo evocaba –aunque no lo fuera– el
multiple choice. Recuerdo especialmente a dos profesores: María Elvira
Meyer (por ella seguí la carrera de Letras) y Polito. Con la Meyer el
teatro ocupó un lugar más relevante que lo habitual en el curso. A
Polito lo tuvimos en quinto o sexto año, y entonces nos dio la
posibilidad de manejar bibliografía de nivel universitario (la que se
daba en la cátedra de Enrique Pezzoni en ese mismo momento). En ambos
casos había mucha discusión en clase y mucho margen para que
desarrolláramos ideas propias en los trabajos escritos (pero no por
eso se nos abandonaba a la mera opinión o a las meras impresiones
iniciales que pudiésemos tener, y que a veces terminan siendo
coartadas para no esforzarse más). Era difícil seguir las clases si
uno no estaba verdaderamente pensando en todo lo que se decía. Las
ideas surgían como resultado de esa disposición general; expresarlas
oralmente o por escrito podía llegar a convertirse en una necesidad
personal.
El curso de tercer año con la Meyer, en 1982, donde se vieron por
ejemplo los textos de Teatro Abierto, fue también un ejemplo de lo que
la entereza intelectual le permitía hacer a una docente de Literatura,
en un colegio donde había habido muchos desaparecidos, donde todavía
había servicios camuflados como preceptores, cuando todavía imperaba
la dictadura militar.
Ahí va mi evocación, que ya me ha puesto en estado de nostalgia.
Un abrazo, Martín.
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