lunes, 25 de agosto de 2008

Palabra de artista: Pedro Roth

 
Leyendo diarios y las revistas dominicales me encontré con este pequeño interviú de un artista desconocido por mí hasta el momento que llegue a la contratapa de la página de Artes y espectáculos del diario La Nación y la sección de Luis Aubele A boca de jarro.
Un artista que cruza y práctica disciplinas diversas y que tiene el arte como forma de vida.
Sus palabras tan interesantes me llevaron a indagar de quien se trata, por lo que aquí comparto la entrevista y algunas de sus obras.
Para empezar un lunes a puro arte. Porque como dice Lalo Mir en su excelente programa "la vida es arte".
 
 
"Si el arte no es inevitable, somos aficionados"
Pedro Roth
 
 
"Comencé a dibujar en el margen de los cuadernos, sin saber muy bien por qué. Pero con el tiempo llegué a la conclusión de que en mí convivían dos mundos. Uno, el real, el inmediato, el que yo podía captar con mi cámara fotográfica, y el otro, el poético, desconocido e impredecible, que trataba de expresarse a través de mis sueños", reflexiona el artista plástico Pedro Roth, autor de Imaginario , la muestra que se expone en la galería de Laura Haber hasta el 8 de septiembre.
"El problema es que no sueño o, por lo menos, nunca recuerdo mis sueños, e imagino que mis dibujos en el margen de los cuadernos eran un intento de ese mundo profundo y mágico por conocer. Ya entonces podía identificar en algunas imágenes personajes que había conocido en la infancia. Por ejemplo, rabinos de Transilvania, adonde llegamos con mi familia cuando abandonamos Budapest, mi ciudad natal, porque al terminar la Segunda Guerra Mundial no había qué comer."
Roth nació en Hungría en 1938, es fotógrafo, pintor, cineasta y docente. Durante la guerra, su padre fue detenido y murió en Auschwitz. Al terminar la guerra, la familia emigró primero a Rumania, después a Israel y, finalmente, a Buenos Aires. Es licenciado en Realización Cinematográfica egresado de la Universidad Nacional de La Plata y se especializó en fotografía de obras de arte en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Está considerado el mayor cronista gráfico de la plástica argentina, de sus protagonistas y de sus obras
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-¿Qué es Imaginario ?
-Una mirada a ese mundo profundo y mágico del que hablábamos al principio. El recién llegado podrá levantar una punta de la cortina y pasar a formar parte de un espectáculo de color y seres inéditos. Claro que previamente tendrá que dejar a un lado algunos prejuicios.
 
-¿Qué quiere decir?
-Mi amigo Ramiro Tamayo, cineasta talentoso que fue uno de mis profesores en la Universidad de La Plata, suele decir que somos un país de monocultivo. Porque no toleramos que nadie pueda hacer más de una cosa, necesitamos encasillar a la gente. Cuando yo decía que estaba pintando, me miraban intrigados y me preguntaban: ¿Pero cómo, usted no es fotógra fo? Entonces yo contestaba: Sí, pero además soy pintor . Pero mis explicaciones no los convencían y se iban intrigados rumiando vaya a saber qué cosas. Tengo otro amigo que, cuando va a un restaurante, no puede lograr que le sirvan un bife a la francesa, vuelta y vuelta. No es tan difícil, lo pide y se lo explica especialmente al mozo. Sin embargo, no hay caso, le traen la carne muy cocida. Nos cuesta aceptar lo distinto, pero no hay que bajar los brazos. Porque si te distraés te pisa el desfile solía advertir muy serio otro gran amigo, Federico Peralta Ramos.
 
-¿Alguna otra extravagancia argentina?
-Somos nostálgicos de lo que ya tenemos.
 
-¿Cómo es eso?
-Creo que en el fondo del tango subyace la ópera italiana. Y que un inmigrante sienta nostalgia por lo que dejó cuando abandonó su pueblo natal es muy lógico. Pero que un porteño sienta nostalgia por lo cotidiano, por lo que ya tiene, no tiene mucho sentido. Tiene una manera de cantarle al barrio, a la madre, a la madreselva, como si fueran cosas que tuvo que abandonar cuando emigró a la Argentina.
 
-¿Qué pasa con la pintura?
-También hay cosas curiosas. Por ejemplo, algunos de nuestros pintores logran obras muy originales, pero hacen lo distinto sin querer, pese a ellos mismos. Por formación, herencia o lo que sea, son devotos de la luz que aparece en las telas de los maestros europeos. Entonces, cuando pintan un paisaje de San Telmo, por ejemplo, le ponen la luz europea. Y así, sin proponérselo, consiguen efectos y climas sumamente originales. ¡Transforman a San Telmo en un barrio metafísico! Una vez leí que la arquitectura de Buenos Aires es gris porque cuando se construyeron muchos de sus edificios más importantes las revistas europeas venían en blanco y negro ( ríe ).
 
-¿Cree que no tenemos artistas realmente originales?
-Sí que tenemos, pero tienen una actitud distinta. No copian, son fieles a sí mismos, hacen su camino al andar, sin importar las modas o el que dirán. Me vienen a la mente Pier Cantamessa, Xul Solar y Clorindo Testa. Para ello, pintar es algo inevitable.
 
-¿Qué quiere decir?
-Esto es algo que repito a mis alumnos. Si el arte no es inevitable, somos aficionados. Ahora, en el momento en que no puedo dejar de pintar, porque es mi pasión, la única alternativa, mi trabajo pasa a ser arte con mayúscula. Algo que me compromete profundamente. Y eso se nota en las obras. Hay mucha gente que pinta, pero muy pocos auténticos artistas, la mayoría hacen laborterapia. Y está bien, no tengo nada contra la laborterapia, pero no confundamos.
 
-¿Qué otra cosa les dice a sus discípulos?
-A veces me preguntan cuándo uno sabe que realmente es un pintor, que domina el arte. La respuesta es simple: cuando lo que imaginamos lo podemos plasmar en la tela, nos recibimos. Mientras no podamos hacer realidad lo que imaginamos seguimos siendo aprendices.
 
 

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