viernes, 1 de agosto de 2008

¿ La vida es arte?

Para pensar, reflexionar e interrogarse sobre los límites del arte y
su relación con otras disciplinas.
Una nota interesante que publica hoy el mejor diario de este país y
que activa la neurona.
Buen viernes y tambien les dejo un poco de arte.

"El diseño nunca es arte"
Polémico y multifacético, es el profesional más reconocido de
Hispanoamérica en su terreno. La imposibilidad de describir la
belleza. Sueña construir un bar con librería en Buenos Aires.


Javier Mariscal es un diseñador heterodoxo, intuitivo y desenfrenado.
Con una única educación formal como dibujante, se ha convertido en uno
de los diseñadores contemporáneos más reconocidos y originales.
Valenciano de nacimiento y catalán por adopción, sus diseños dejaron
huella en más de un ámbito.

Desde la revolución que significó su afiche Bar Cel Ona en 1979,
Mariscal es el diseñador que define y redefine la identidad visual de
Barcelona. Fóbico a los encorsetamientos, le ha metido diseño a todo:
desde la mascota de las Olimpíadas Barcelona 92 –el simpático Cobi– y
el desarrollo de identidades visuales de empresas y partidos
políticos, hasta sillones, hoteles, bares, bolsos, telas, vajilla,
muñecos, cómics, páginas web y todo aquello que se le ponga por
delante y lo inspire. La curiosidad y un profundo amor por el diseño
identifican a los objetos Mariscal; siempre funcionales y nunca
pretenciosos.

También artista, expuso en las ferias más prestigiosas de Europa y fue
objeto de retrospectivas en la Documenta de Kassel y en el Centro
Pompidou de París.

Devoto creyente en la capacidad transformadora del diseño, Mariscal
armó la muestra Bombay Sapphire Design Exhibition, en la que se
exponen los 50 objetos del siglo XX que a su criterio significaron
pequeñas revoluciones en las vidas cotidianas de las personas. Objetos
de todo tipo arman este recorrido ecléctico en el que hay televisores,
jeans, muebles para la casa (algunos de su autoría), utensilios de
cocina, zapatillas, una guitarra, una computadora y una Vespa; una
selección de lo que para Mariscal es el mejor diseño industrial, de
moda y de entretenimiento.

La muestra fue pensada como un tour de rock: gira por toda España,
convoca a miles de personas y se desarrolla con otras actividades
culturales vinculadas con el diseño en cada ciudad por la que pasa. Ya
lo hizo por Barcelona, la próxima parada será en Madrid, en paralelo a
la próxima Pasarela Cibeles.

A propósito de esta muestra, Mariscal habló con Crítica de la
Argentina de lo que más conoce: el diseño que mejora la calidad de
vida.

–En estos tiempos, parece que la especialización está a la orden del
día en las profesiones tanto en las creativas como en las que no lo
son. Sin embargo, usted puede diseñar un taburete, ambientar un
restaurante, trabajar montando espacios físicos y virtuales o agregar
diseño a lo que sea que le represente un desafío. ¿Cómo se aborda el
diseño desde esta concepción global?

–Me aburre la especialización, me gusta tocar todos los palos, como
decimos aquí, probarlo todo, intentar hacer algo nuevo cada día. Creo
que mi capacidad para dibujar me sirve, no sólo para ser diseñador
gráfico, sino para abordar otras disciplinas del diseño, como puede
ser el diseño industrial o el interiorismo. No me supone ningún
problema trabajar en ello y, si tengo alguna carencia técnica, para
eso tengo un equipo de treinta personas detrás que conocen muy bien su
trabajo. Lo que más me enamora de un proyecto es el desafío de
innovar, de aportar algo nuevo, de trabajar en equipo, de compartir
ideas.

–¿En qué sentido los objetos que seleccionó para la exposición Bombay
Sapphire Design Exhibition le ayudan a comprender mejor a la
humanidad? ¿En qué sentido el diseño mejora la calidad de vida de
todos?

–Creo que esta exposición es un resumen de cómo la vida cotidiana se
ha ido transformando, a lo largo de más de medio siglo, gracias al
diseño y a la industria que cree en el diseño como motor de desarrollo
y de evolución. Estos objetos muestran cómo los diseñadores pueden
utilizar su talento para que la vida cotidiana sea más fácil, más
cómoda o más divertida. El objetivo del diseño es ése: mejorar la
calidad de vida.

–¿Cuáles son los cinco objetos sin los cuales no puede vivir?

–Yo puedo vivir con muy pocas cosas. Creo que podría vivir casi sin
nada, a pesar de que mi oficio tenga como fin producir objetos. No
podría vivir sin mi mujer, mis tres hijos. Claro que ellos no son
objetos, así que voy a ponerme en serio: no podría vivir sin un abrigo
en invierno, una cama para descansar, algo para dibujar, una
superficie para poder hacerlo y una Vespa para trasladarme de un sitio
a otro.

–Desde hace unos años se ha abierto un debate que plantea la condición
de arte de algunas cosas como la cocina, la moda y también el diseño.
¿De qué lado se para en este debate? ¿Cree que el diseño es arte? ¿Y
en todo caso, cómo se nutre el diseño del arte?

–Tengo muy claro que aunque las fronteras entre el diseño y el arte
son difusas, el arte y el diseño son dos actividades muy distintas. El
diseño nunca es arte porque el arte supone la libertad total, no es
nunca un encargo, no soluciona ningún problema concreto, ni se fabrica
en serie. El diseño sí es todo eso: un encargo para solucionar el
problema a un cliente que lo fabricará o lo publicará en serie. No sé
por qué ahora se empeñan en decir que el diseño es arte. Yo creo que
lo hacen para decir que mi arte es diseño... es broma, claro.

–¿Qué es para usted la belleza?

–Una emoción. Imposible de describir.

–En el decálogo de su estudio dice que los carteles, desde su
nacimiento, anunciaron el futuro. ¿Cuáles son las cosas que hoy tienen
esa condición? ¿Qué objetos y señales anuncian hoy el futuro?

–Cuando uno está en el presente es difícil saber qué anuncia el
futuro. Es fácil decirlo de los carteles, que no dejan de ser un
objeto del pasado, pero el futuro se sabrá mañana, no hoy. Internet
fue el futuro, pero ya es el presente. Así que no sé.

–¿Qué proyecto le gustaría desarrollar en una ciudad como Buenos Aires?

–Me encantaría hacer una librería con cafetería, sala de exposiciones
y auditorio. Uno de esos espacios multiculturales que tanto gustan a
los porteños. Sé que lo sabrían apreciar, que lo utilizarían bien, que
lo disfrutarían. Me encantaría, de verdad, pero debe de haber
demasiada gente buena en Buenos Aires que se dedique a lo mío, porque
nunca me llaman para hacer nada. También me conformaría con hacer un
hotel pequeñito.

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