jóvenes escritores y las maneras de escribir que éstos tienen,
apuntan a la figura del crítico que desde hace algunos años esta desvencijada.
Una buena manera de empezar el día y ver como dos mayores ven a las
nuevas generaciones.
Y esperemos que algún día se pongan a debatir en serio los jóvenes,
los de maediana edad y los viejitos chotos.
"La literatura argentina está farandulizada"
En dos entrevistas separadas, los especialistas arremetieron contra el
momento actual de la producción artística. Y se quejan porque "la
autoridad del crítico está desdibujada"
Dos críticos de literatura, en dos citas diferentes y cada cual por su
lado, opinaron sobre literatura argentina y su percepción de la
crítica actual. Aunque dos críticos por separado no implican un
pugilato, sus opiniones, quizás, podrían llegar a chocar y subirse a
pelear en un ring. De modo que anticipando el duelo ponemos,
arbitrariamente, en la esquina roja a Noé Jitrik, un peso pesado de la
teoría literaria, con 70 años y récord de 48 años de crítica
especializada y ninguna vergüenza hasta la fecha. Obtuvo el cetro
Chevallier des Arts et Des Lettres otorgado por el gobierno de Francia
y el cinturón latinoamericano, premio Xavier Villaurrutia, en México,
en 1981. En la esquina azul ponemos la trayectoria de Daniel
Freidemberg, literato de 62 años, excelente estado mental y físico,
con récord de más de treinta años de trabajo profesional en diversos
medios, sin empates ni vergüenzas profesionales conocidas. Como aporte
suplementario, tanto Jitrik como Freidemberg han escrito muchos libros
de ficción y poesía. Y Jitrik hace yoga y Freidemberg tose.
Primero hablamos con Jitrik, sentados en un café neutro. Noé Jitrik se
saca el batín y nos deslumbra mostrando un estupendo cuerpo de ideas.
De inmediato, en un golpe de calentamiento, el crítico evalúa la
actual escena literaria argentina: "Primero, para tener idea de un
panorama, hay que mirar un panorama. Lo cual no es nada fácil porque
es algo que se extiende mucho. Pero está bien".
–¿Entonces tiene fe en la actual literatura argentina?
–Sí, bueno, hay algunos éxitos con estallidos de venta, generalmente
efímeros, y que no sé si son parámetros para evaluar un panorama. Para
mí la literatura transcurre por otros lugares. En los textos. Y sólo
puedo decir que, de pronto, llegan a mis manos textos que considero de
muy buen nivel. Hay textos que me parecen muy buenos, muy fuertes.
Noé Jitrik, tras ese baile de piernas, acorta distancia y ensaya un
jab: "Los escritores de hoy escriben mucho mejor y más temprano que
los de antes. Escriben mejor que yo a esa edad. Y leen más de lo que
yo leía a esa edad". ¿Y cuál es la causa de ese fenómeno? Noé Jitrik
atribuye la mejoría a una maduración cultural. Y la maduración
cultural la atribuye, entre otros sucesos, a haber pasado por una
dictadura y al alejamiento de prejuicios literarios. Noé ha entrado en
calor y empieza a golpear: "Me parece un lugar común afirmar que los
jóvenes no leen. Y, correlativamente, que los jóvenes no escriben. Y,
correlativamente, que el mercado pide determinadas cosas y que algunos
jóvenes se lo dan".
En un alarde técnico Jitrik ahora disecciona la palabra. Para este
crítico los escritores de hoy, en lo que respecta a la prosa, son más
precisos que los de antes. Menciona una moderación al adjetivar y,
también, la influencia de literaturas de escritura concisa.
–¿Hay buenos temas en la literatura argentina actual?
–Eso no tiene tanta relevancia. Usted sabrá que lo más importante en
la literatura no es el qué contar. Es el cómo contar. Es la resolución
verbal del conflicto. Madame Bovary, por ejemplo, no es más que un
simple adulterio que el autor transformó en una gran obra.
–¿Siente que ha afectado a la crítica literaria el fenómeno de los blogs?
–Por razones de impaciencia no los frecuento. Sé que los blogs parecen
un resumidero de chismes, algo quizá muy democrático, pero que no creo
riguroso.
–¿Hay una farandulización de la literatura argentina?
–Sí, la literatura está farandulizada, en parte hay algo de eso. Por
ejemplo, en los suplementos literarios hay una sensibilización con
respecto al mercado. Si alguien ganó un premio se ocupan de él. Si
vende, también. Si vende en España, tanto mejor. Si vende en Ecuador,
ya no tanto. Es así. Claro que esto no es general, porque a veces
valoran aspectos importantes.
Es cierto que Jitrik no es ofensivo. Pero, truculentos, es necesario
que ahora pasemos a la esquina azul, donde espera impaciente la
postura del crítico Daniel Freidemberg.
En la esquina azul hay un crítico literario que está muy confundido.
No por golpes retóricos que le haya lanzado el púgil Jitrik, sino por
dos factores: un asunto personal ("dejé de tener la urgencia de estar
escribiendo críticas todo el tiempo, no me gano la vida con eso") y
luego por complejidades teóricas que lo han descompensado.
El crítico, azul y tosiendo, piensa que tanto la crítica como la
literatura se enfrentan a una enorme cantidad de fenómenos nuevos. Y
menciona los blogs. Si Jitrik no los frecuenta, Freidemberg sí y
nosotros, sorprendidos, frecuentamos el primer choque de puños.
–Las discusiones que se dan en los blogs, a veces, son muy
interesantes o, más bien, se da algo que no estaba en ninguna parte.
El problema es cómo diferenciar lo interesante de la tontería. Y eso
favorece una indiscriminación muy grande que a uno lo desorienta. Y
luego, mirá, las editoriales...
Tose y sigue.
–Las editoriales sacan libros, están un mes y después van a la mesa de
saldo. Y listo. Se terminó. Es así. Estamos en un panorama imposible
de abarcar. Se nos escapa por todos lados.
Si Jitrik era baile y calma, en la esquina azul hay un hombre de barba
al que pareciera que la modernidad quiere noquear. Tose y sigue:
–Sobre cómo se practica la crítica en los medios, pienso que hoy es
muy difícil desplegar un pensamiento elaborado de la literatura. No
digo elaborar un pensamiento especializado o académico, sino sólo una
idea.
Hace unos quince años, dice Freidemberg, se podía comentar un libro en
una página entera. Hoy los comentarios de libros muerden esa esquinita
que el lector apurado suele ignorar. Y ahí replicamos la pregunta
hecha en la esquina roja.
–¿Hay una farandulización en la literatura?
–Sí –dice, y adjuntamos un punto de encuentro entre las dos esquinas–
hoy se tiende a convertir todo en un espectáculo. Parecería que un
escritor, para ser conocido, tiene que hacer algún tipo de escándalo.
Y yo, ojo, estoy a favor de la polémica, pero una cosa es la polémica
y otra cosa es buscar a toda costa una frase que aparezca en la tapa
del suplemento.
–¿Cómo se aplica eso en los críticos?
–El lugar del crítico está totalmente desdibujado. No existe el lugar
del crítico como autoridad. Me parece que hoy incide mucho más el ser
nombrado porque dio una charla, porque hizo una presentación que otras
cosas.
–¿Esta farandulización afecta la búsqueda de temas en la literatura?
–Seguro. Muchos, desde lo comercial, buscan un tema que pueda llamar
la atención. Y seguramente en Europa vende mucho más un escritor
argentino que escriba sobre los desaparecidos. Incluso, dentro del
medio, están aquellos que saben que no van a vender mucho, pero que
buscan modos raros para llamar la atención, aunque sea la atención de
sus colegas.
Notamos que aquí no hay una pelea. Las opiniones de los púgiles no
están combatiendo las unas con las otras (interna aspiración del
reportero), sino que, más bien, parecen enfrentadas contra las
tendencias de estos tiempos.
Jitrik, esquina roja, asume el mercantilismo de la literatura con la
calma del yoga; Freidemberg, esquina azul, lo hace con la confusión
que le da su actual alejamiento. Y ambos, desde sus esquinas, se unen
por la humildad que los caracteriza.
Jitrik dice que a veces, con sus críticas, se ha equivocado; que una
vez atacó con crudeza una novela de Abelardo Castillo. Friedemberg
reconoce que también le ha pasado. Entonces ambos concluyen que la
crítica no puede ser objetiva y que hoy merece mejorar su posición
mediática.
No hubo conflicto, es cierto. Y por eso ahora los dos críticos
imaginariamente se dan la mano y el inflado ring, reflexivo, apaga sus
focos de luz.
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