conmemorar el dia del periodista y me parece bueno compartirlo con
uds.
y ademas que vean La antena de Esteban Sapir un director único en el
cine nacional.
Operación Masacre.
Tiempos confusos, tiempos violentos para disponerse a escribir una
columna sobre estos temas ya que el tema de las retenciones, el campo
y la soja parecen haber trastocado todo de un modo bastante complicado
en este país. No solo ha sucedido con los medios de comunicación sino
también con los intelectuales, los organismos de derechos humanos y
otras instituciones que conservaban cierta pátina de racionalidad y
reflexión que a partir de esta coyuntura han derrapado de un modo muy
particular.
Basta observar y leer con detenimiento la carta abierta a los
argentinos firmadas por las cabezas más ilustradas de este bendito
país y sus terribles e insospechadas derivaciones.
Pero nuestro tema son los medios y sus maneras de intervenir en la
realidad o como la realidad intenta colarse de vez en cuando en los
medios masivos de comunicación.
Una interesante película estrenada el año pasado en nuestra ciudad
(que se puede conseguir fácilmente en cualquier videoclub) de un
excelente director argentino tomaba como tema central los medios de
comunicación y los mensajes que estos emitían. O mejor dicho que voz y
que palabras difunden estos.
La película (que desde ya recomendamos desde aquí) es La antena y su
director es Esteban Sapir y comienza con estas palabras "Había una
vez una ciudad sin voz. Alguien se había llevado las voces de todos
sus habitantes. Pasaron muchísimos años y a nadie parecía preocuparle
el Silencio..."
Creo que de tanto inventar cosas, de construir múltiples escenarios
posibles, de tener tantos medios de comunicación nos hemos quedado de
a poco sin posibilidad de expresar, sin el compromiso de decir la
verdad en pos de la venta publicitaria, de perder la capacidad de
asombro debido a que hay tantos asesores, publicistas y marketineros
que deciden que mostrar. Y eso es igual al silencio y su efecto en la
sociedad es devastador.
Nos hemos convertido en una sociedad sin voz que no permite
expresarse, no le interesa escuchar las voces que conviven en la
ciudad y ha canjeado convivencia, buenas costumbres por seguridad y
xenofobia.
Y los medios de comunicación, mal que les pese a muchos, gracias a la
tarea de periodistas (hoy se proclaman orgullosos exhibiendo un titulo
universitario mediocre comunicadores sociales), editores y demás son
el nexo que posibilita esa situación. Esa sociedad silenciosa que tan
bien filma Esteban Sapir en su película somos nosotros y los medios
son los responsables de esa realidad construida, son ellos los que
diagraman ese silencio, ese no te metas, ese olvido colectivo que
afecta profundamente a todos por igual.
Porque lo que planteaba Orwell en su magnifica 1984 o Huxley en Un
mundo feliz ya dejaron hace tiempo de ser ciencia ficción para
demostrarnos que son una cruel realidad.
Ya los gobiernos totalitarios quedaron atrás (¿quedaron atrás??)
siendo reemplazados por maquinarias y sistemas que bajo el disfraz de
información y entretenimiento tienen un objetivo particular:
silenciar las voces, las diferencias e instaurar un discurso único que
silencie todos los demás, todos los matices posibles en pos de quedar
con una voz única. Y eso es igual al silencio.
Y eso es lo que la película de Sapir intenta hacernos ver
metaforizando los tiempos que corren.
Tiempos violentos, confusos y paranoicos donde un Gran Hermano se
ocupa de intervenir una realidad deformada que solo unos pocos deciden
como debe ser y unos cuantos idiotas útiles, a veces sin saberlo y
otras sabiéndolo muy bien, se encargan de difundir alegre y dulcemente
a cambio de unas pocas monedas.
Es por ello que cercano a una celebración del día del periodista bien
valdría la pena preguntarse que significa hoy por hoy realizar esta
tarea y como podemos hacer para subvertir el orden de las cosas.
Ese es el desafío que nos debemos nosotros como profesionales y
miembros de una sociedad que necesita urgente recuperar las voces que
algunos han silenciado desde hace tiempo.
Por que no es grato convivir con el silencio y el olvido. Creo que
los argentinos sabemos muy bien de que se trata eso.
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