importante título el Honoris Causa debido a su trayectoria como
escritor, su compromiso ético y la coherencia que muchos de su
generación han perdido.
Un amante de las palabras, del buen decir y mejor contar.
Sus libros nos siguen iluminando y nos permiten ver desde la ventana
de nuestra habitación la posibilidad de un mundo mejor, otra
posibilidad de leer la historia y como también los vencedores y
vencidos pueden contar su visión de los hechos.
Comparto con uds un texto del gran Eduardo para celebrar el poder de
la palabra y la magia de la escritura. Ysi pueden no se pierdan su
programa por Canal Encuentro los jueves a las 19,30 La vida según
Galeano. Imperdible
Buen miércoles
La monarquía universal
Por Eduardo Galeano
Ya se desmoronó la cortina de hierro, como si fuera de puré, y las
dictaduras militares son una pesadilla que muchos países han dejado
atrás. ¿Vivimos, pues, en un mundo democrático? ¿Inaugura este siglo
XXI la era de la democracia sin fronteras? ¿Un luminoso panorama, con
algunas pocas nubes negras que confirman la claridad del cielo?
Los discursos prestan poca atención a los diccionarios. Según los
diccionarios de todas las lenguas, la palabra democracia significa
"gobierno del pueblo". Y la realidad del mundo de nuestro tiempo se
parece, más bien, a una poderocracia: una poderocracia globalizada.
Día tras día, en cada país se van recortando más y más los angostos
márgenes de maniobra de los políticos locales, que por regla general
prometen lo que no harán y que muy rara vez tienen la honestidad y el
coraje de anunciar lo que harán. Se llama realismo al ejercicio del
gobierno como deber de obediencia: el pueblo asiste a las decisiones
que toman, en su nombre, los gobiernos gobernados por las
instituciones que nos gobiernan a todos, en escala universal, sin
necesidad de elecciones.
La democracia es un error estadístico, solía decir don Jorge Luis
Borges, porque en la democracia decide la mayoría y la mayoría está
formada por imbéciles. Para evitar ese error, el mundo de hoy otorga
el poder de decisión a los poquitos, muy poquitos, que lo han
comprado.
El FMI y el Banco Mundial
En la época del esplendor democrático de Atenas, una persona de cada
diez tenía derechos ciudadanos. Las otras nueve, nada. Veinticinco
siglos después, es evidente que a los griegos se les iba la mano con
la generosidad.
Ciento ochenta y dos países integran el Fondo Monetario Internacional.
De ellos, 177 ni pinchan ni cortan. El Fondo Monetario, que dicta
órdenes al mundo entero y en todas partes decide el destino humano y
la frecuencia de vuelo de las moscas y la altura de las olas, está en
manos de los cinco países que tienen el cuarenta por ciento de los
votos: Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia y Gran Bretaña. Los
votos dependen de los aportes de capital: el que más tiene, más puede.
Veintitrés países africanos suman, entre todos, el 1 por ciento; los
Estados Unidos disponen del 17 por ciento. La igualdad de derechos,
traducida a los hechos.
El Banco Mundial, hermano gemelo del FMI, es más democrático. No son
cinco los que deciden, sino siete. Ciento ochenta países integran el
Banco
Mundial. De ellos, 173 aceptan lo que mandan los siete países dueños
del 45 por ciento de las acciones del Banco: Estados Unidos, Alemania,
Japón, Gran Bretaña, Francia, Italia y Canadá. Los Estados Unidos
tienen, además, poder de veto.
Las Naciones Unidas
El poder de veto significa, en buen romance, todo el poder. La
Organización de las Naciones Unidas es algo así como la gran familia
que nos reúne a todos. En la ONU, los Estados Unidos comparten el
poder de veto con Gran Bretaña, Francia, Rusia y China: los cinco
mayores fabricantes de armas, que a Dios gracias velan por la paz
mundial. Estas son las cinco potencias que toman las decisiones,
cuando las papas queman, en la más alta institución internacional. Los
demás países tienen la posibilidad de formular recomendaciones, que
eso no se le niega a nadie.
La Organización Mundial del Comercio
Hay derechos que se otorgan para no ser usados. En la Organización
Mundial del Comercio, todos los países pueden votar en igualdad
decondiciones; pero jamás se vota. "El voto por mayoría es posible,
pero no ha sido nunca utilizado en la OMC y era muy raro en el GATT,
el organismo que la precedió", informa su página oficial en Internet.
Las resoluciones de la Organización Mundial del Comercio se toman por
consenso y a puertas cerradas, que si no recuerdo mal era el sistema
utilizado por las cúpulas del poder estalinista, para evitar el
escándalo de la disidencia, antes de la victoria de la democracia en
el mundo.
Así, la OMC ejecuta en secreto, impunemente, el sacrificio de
centenares de millones de pequeños agricultores de todo el planeta, en
los altares de la libertad de comercio. No tan en secreto ni tan
impunemente, sin embargo: hasta hace poco, nadie sabía muy bien qué
era eso de la OMC, pero las cosas han cambiado desde que cincuenta mil
desobedientes tomaron las calles de la ciudad de Seattle, a fines del
año pasado, y desnudaron ante la opinión pública a uno de los reyes de
la monarquía universal.
Los manifestantes de Seattle fueron llamados forajidos, locos,
despistados, prehistóricos y enemigos del progreso por los grandes
medios de comunicación. Por algo será.
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