calidad de los estrenos que han llegado a la aldea...
Y uno de los estrenos que vale la pena destacar es la ùltima del gran
Scorsese que con La isla siniestra entrega un notable trabajo en donde
mezlca gèneros, adapta una gran novela y reconstruye una època, un
espìritu y un gran clima de la mano de su actor fetiche que cada dìa
demuestra que es un gran actor.
Pero antes de la crìtica que màs adelante colgaremos ( interesante lo
que plantea Ramiro Ortiz hoy en La Voz) compartimos la entrevista que
el periodista Diego Batlle (www.otroscines.com) le hizo al director
cuando presentò la pelìcula en el ùltimo Festival de Berlìn hace 15
dìas aproximadamente.
Para leer a fondo y despues tratar de adentrarse a esta Isla que
ofrece el universo autoral de uno de los grandes directores de las
ùltimas dècadas.
Por eso aquì dejamos sus palabras con la invitaciòn de ver su pelìcula...
A solas con Martin Scorsese
Por Diego Batlle
En el reciente Festival de Berlín, entrevistamos al mítico director de
Taxi Driver, Toro salvaje y Buenos muchachos para hablar del exitoso
thriller psicológico La isla siniestra (Shutter Island), cuarta
colaboración con su nuevo actor-fetiche: Leonardo DiCaprio.
BERLIN.- Tras cuatro décadas de una amplia, diversa, arriesgada y
notable carrera cinematográfica, Martin Scorsese parece estar
consiguiendo en los últimos años ciertos logros que se le habían
negado durante mucho tiempo. Hace tres años, por ejemplo, ganó su
primer premio Oscar con Los infiltrados y ahora, con el thriller
psicológico La isla siniestra (Shutter Island), va camino de conseguir
el mayor éxito comercial de su filmografía.
Más allá del inmenso prestigio que ostenta, tanto por clásicos de la
talla de Taxi Driver, Toro salvaje o Buenos muchachos como por su
incansable tarea al frente de la World Cinema Foundation para la
preservación del patrimonio fílmico mundial (véase recuadro más
abajo), Scorsese nunca fue un director demasiado rentable en términos
comerciales.
Sin embargo, en su cuarta colaboración con Leonardo DiCaprio luego de
El aviador, Pandillas de Nueva York y Los infiltrados, este
neoyorquino de 67 años parece haber conseguido también la fórmula del
éxito: La isla siniestra se ubicó como la película más vista del
mercado estadounidense durante sus dos primeras semanas en cartel con
una recaudación de más de 80 millones de dólares.
La isla siniestra, transposición de la novela del cotizado Dennis
Lehane (autor también de los relatos que inspiraron Río Místico, de
Clint Eastwood, y Desapareció una noche, de Ben Affleck) combina las
estéticas del cine-noir, del terror clase B y del melodrama romántico
para un relato oscuro, alucinatorio y paranoico sobre dos agentes del
FBI (DiCaprio y Mark Ruffalo) que en 1954 viajan a la isla del título
para investigar un caso en un neuropsiquiátrico y, tras quedar varados
allí por un huracán, descubrirán que nada es lo que parece.
Pocas horas después de la première mundial del film en el reciente
Festival de Berlín, Scorsese llega sonriente a la entrevista matinal
en una suite del hotel Regent de la capital alemana vestido con un
traje azul y una camisa celesta y blanca a rayas finas. Tras saludar
con amabilidad, este mito viviente del cine norteamericano responderá
con locuacidad durante la siguiente media hora sobre su pasión por las
películas y los desafíos que enfrentó al realizar La isla siniestra.
-¿Por qué eligió filmar la novela de Lehane?
-Por el impacto emocional que me produjo leer el guión. Me encontré
derramando lágrimas durante las dos últimas escenas. Sentí una enorme
compasión por ese personaje y disfruté cada línea de diálogo. Es una
historia muy fuerte que, bajo el paraguas de un thriller noir, es en
realidad muy conmovedora e inquietante en su exploración de la psiquis
humana. Se trata de un relato que te lleva por múltiples caminos, que
trabaja sobre la percepción y que es difícil de decodificar. Quería
que el público me acompañara en ese viaje, que sintiera el mismo
impacto. No era un desafío fácil, pero tenía ganas de asumir ese
riesgo. Y Leo (DiCaprio) compartía también esa necesidad.
-¿Cómo es la relación profesional y humana con DiCaprio luego de
cuatro películas? ¿Es como un nuevo Robert De Niro para usted?
-Leo me devolvió la inspiración para hacer películas. Es un actor que
combina habilidad, curiosidad y coraje. La diferencia generacional en
este caso nos complementa y compartimos muchas cosas porque tuvo una
vida tan complicada como la mía. Nos identificamos mucho y nos
nutrimos y admiramos mutuamente. Ambos somos perfeccionistas y nos
gustan los riesgos. El no tiene problema en hacer 50 tomas seguidas.
En ese sentido, es un actor ideal para trabajar, al igual que lo fue
Robert en su momento. Pero no me gustan las comparaciones porque
suelen ser injustas.
-¿Cómo trabajaron en la construcción de un personaje tan extremo y que
tiene un vuelco tan fuerte durante el film?
-Yo suelo juntarme en la preproducción con los actores para ver
películas que nos sirvan como referencias y modelos de la época, del
lugar y de la personalidad de los personajes. Me gusta usar la
historia del cine como vocabulario. Les hablé del expresionismo alemán
como antecedente del noir, de la paranoia de la Guerra Fría que yo
viví en la Nueva York de los años 50 y cómo se reflejó eso en el cine
de dicho período. Vimos el lenguaje corporal de Dana Andrews en Laura,
de Otto Preminger y también les mostré películas de Jacques Tourneur y
Val Lewton como Cat People, I Walked with a Zombie o The Seventh
Victime, un documental de John Huston sobre el regreso de los soldados
llamado Let There Be Light, que estuvo prohibido. Otros films que
usamos como referencias fueron Crossfire, de Edward Dmytryk; The
Trial, de Orson Welles, películas de Roman Polanski como Repulsión o
Cul de sac; The Haunting, de Robert Wise; On Dangerous Ground y Bigger
Than Life, de Nicholas Ray, que es una de mis favoritas; Vértigo, de
Aldred Hitchcock; una película dirigida por Karl Malden titulada Time
Limit; y Shock Corridor, de Sam Fuller, entre muchísimas otras. Y,
finalmente, resultó esencial y conmovedora para todos nosotros la
experiencia de ver juntos un documental de Frederick Wiseman sobre los
hospitales para criminales insanos llamado Titicut Follies porque
aborda de manera precisa y descarnada el universo que nosotros íbamos
a retratar.
-Uno de los aspectos más audaces y experimentales del film es el uso
de la música sinfónica ¿Podría explicar cómo fue el proceso?
-Generalmente tengo la música antes de filmar porque me sirve mucho
durante el desarrollo del guión y el diseño de la película. A veces,
como el tema T.B. Sheets, de Van Morrison, fue fundamental en el
desarrollo de todas las imágenes de Taxi Driver, pero recién pude
usarla en Vidas al límite. En el caso de La isla siniestra, en
principio pensé en armar un soundtrack convencional con musica
popular, rock, swing, jazz y opera, como había ocurrido en Calles
salvajes, Toro salvaje, Buenos muchachos, Casino o incluso El aviador,
pero mi viejo amigo Robbie Robertson me propuso hacer algo diferente;
utilizar música sinfónica moderna y, a partir del uso del sampling,
mezclar y superponer melodías. Por momentos, hay hasta tres temas
juntos. "Probemos, es un experimento; si no funciona, no pasa nada",
le dije. Recién lo armamos en la posproducción, así que esta vez
trabajé a ciegas. La única canción que sí quería incluir era Cry, de
Johnnie Ray, el primer cantante en exponer sus miedos, angustias y
emociones sobre el escenario, algo para lo que la sociedad de los años
50 todavía no estaba preparada y, así, fue destruido por ser gay. La
idea era conseguir sonidos que sintonizaran con lo extremo, con la
neurosis, con el subconciente, con la tristeza que subyace en el film
y para eso combinamos composiciones de György Ligeti, Krzysztof
Penderecki, John Cage, Max Richter, Giacinto Scelsi, Brian Eno, John
Adams y Gustav Mahler. Quería hacer algo exagerado, a lo Hitchcock, y
no utilizar una música típica de las historias detectivescas. Me
apasiona trabajar de esa manera en cada uno de los rubros.
-¿Esa pasión por el cine se ha mantenido inalterable con el paso de los años?
-Sí. Siento la misma conexión emocional de cuando iba al cine con mi
padre, mi madre o mi hermano mayor. Yo era un chico asmático, casi no
podía respirar en 1946 y 1947, así que como no podía cabalgar veía a
los actores a caballo… ¡y en color! Mi madre era muy expresiva y
demostrativa, me abrazaba y me besaba todo el tiempo, pero mi padre
era de esos italianos estrictos y parcos, así que el cine era una de
las pocas maneras de compartir una misma emoción. Claro que después
volvíamos a casa, donde sucedían otras historias bastante más duras y
que son las que luego trasladé a mis películas.
Para ir a ver que tan siniestra, fantasmal y oscura es esta Isla, este
territorio llamado Scorsese.





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