martes, 9 de septiembre de 2008

Leonor y Sarah Kane nos visitan en Córdoba.

Creo yo que es uno de los acontecimientos del año esta visita y la
puesta en escena de esta obra, genial por su contenido y por la
manera que la Señora de la escena, Leonor Manso, la lleva adelante.
Solo por diez pesos acceder a 4:48 Psicosis de Sarah Kane,
interpretada por Leonor es algo que nadie se puede perder. Lástima
para muchos que sea un martes pero si pueden lleguense al Teatro Real
por que será una noche inolvidable.
Aquí los indicios de porque esta obra merece ser vista , y los cruces
entre vida/ muerte, biografía/arte, persona/ personaje,.
Que la disfruten los que puedan ir.
Simplemente se los aviso

SARAH KANE O LA IMPOSIBILIDAD DE VIVIR


4.48 PSICOSIS es un relato desde las regiones de la mente que la
mayoría de nosotros no deseamos visitar jamás, pero de las que no
pueden escapar muchas personas. Es la mente de una psicótica
supeditada a la fragmentación. Una fragmentación lúcida, dolorosa,
cruel, anhelante de amor, cruel, mordaz. Una mente que es la autora y,
asimismo, va más allá de la autora. Es a través de la forma abierta de
la obra que el público puede penetrar en ella y reconocerse en ella.
El camino de la terapia y una prolongada medicación que no alivian el
sufrimiento y hace que brote de la voz de la obra un humor sardónico
cuando habla con o de los médicos.


El hecho de que la obra fuera escrita durante una depresión, que es
una circunstancia más destructiva que creativa, es un acto de
generosidad por parte de la autora. Que además, la obra sea un éxito
en todos los países es un reto que queremos afrontar ahora también en
España.

Tras la temprana muerte de Bernard-Marie Koltès a los 41 años, alguien
escribió que fue como un meteorito que pasó veloz por la dramaturgia
de finales del siglo XX, dejando algunas de las obras paradigmáticas y
poéticamente más intensas del cambio de siglo. Me pregunto cómo
entonces podríamos denominar metafóricamente el corto paso de Sarah
Kane, muerta suicida a los 28 años, y su brevísima actividad como
escritora dramática: cinco años, de 1995 a 1999, el año de su muerte,
cinco textos surgidos de la desesperación y el dolor.

Si a Koltès lo mató el SIDA, Kane fue muriendo poco a poco de
imposibilidad de vivir. Los abusos del padre – la historia personal –
y su mirada recelosa y lúcida sobre el mundo que la rodeaba – la
historia colectiva - fueron minando su capacidad de resistir tanto
sufrimiento, arrastrándola al mundo psiquiátrico, convertida en un
caso clínico de psicosis, mientras los médicos probaban en ella todas
las medicaciones posibles contra uno de los síntomas más tristemente
"contemporáneos", la depresión, la angustia de vivir.

Los propios títulos – un sólo término – de algunos de sus textos
suponen ya una burla al concepto convencional de lo "comercial", lo
atractivo, lo que llama a la gente al teatro. Blasted o condenados, o
malditos; Cleansed, o depurados, purgados; Crave, o ansia, angustia,
son trallazos suficientemente significativos de los contenidos de su
obra. Textos inmisericordes, cuya violencia explícita asustó a
críticos y público, desarmados ante la irrupción de semejante vendaval
de ira, textos que revelaban las oscuras turbaciones de su alma,
textos tan hirientes que la convirtieron de inmediato en una escritora
polémica, "rara", inhóspita. Pero textos también de gran precisión de
escritura, de lenguaje y dramaturgia originales y propios, de especial
y profunda sensibilidad poética.

4.48 PSICOSISes su obra final, un título inquietante para la crónica
anunciada de su próximo suicidio. Tejida con los hilos de la última
cordura y entrelazada con las astillas de la alienación, es un poema
dramático, casi un oratorio sobre un fin inevitable. ¿Testamento
poético o confesión lúcida de motivos? Después de todo, se dice que el
suicida siempre se mata "contra" alguien. Los motivos de Sarah Kane
son bastante más complejos y sutiles, y su mirada final sobre la
contemporaneidad, privada y pública, compone uno de los documentos más
impresionantes y turbadores sobre nuestra sociedad del nuevo siglo. Si
en lugar de morir en 1999, Sarah Kane hubiese vivido hasta este año
2001, quién sabe cuán lejos, cuánto más, habría llegado en su
disección de un escenario sin duda peor del que conoció y no pudo
soportar.

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