Lindo para disfrutar en familia, con amigos y disfrutar de este clima
que ya empieza a ponerse primaveral y casi veraniego.
Pasó el día del maestro y viene el dia del profesor ( ese si es mi
día queridos míos asi que acepto salutaciones y regalos obviamente,
gracias por las del miércoles pasado pero me siento plenamente
profesor) y es por ello que esta bueno preguntarse, reflexionar y
pensar sobre la tarea docente y sobre el rol de quien esta frente a
los alumnos dirigiendo una materia y enseñando.
creo que no hay mejor cosa para alguien que enseña, informa y forma
trasmitirle al otro la pasión por lo que enseña y lo que debe gustarle
y ser aprehendido.
Lamentablemente en estos tiempos es en lo que más fallamos por la
simple razón que falta gente apasionada, personas que se enamoren de
su objeto de estudios y sus implicancias.
Cuando no nos gusta lo que se enseña eso, creo yo, se nota.
Por eso este texto para el atardecer del domingo cuando la melancolía
empieza a ser mella en nuestros cuerpos y corazones.
Buen comienzo de semana y que tenga la posibilidad de vivir
apasioandos por algo.
Transmitir pasión
Por Guillermo Jaim Etcheverry
Marcus du Sautoy, un profesor de matemática de la Universidad de
Oxford de poco más de cuarenta años, es uno de los más reconocidos
científicos ingleses, gracias a una destacada carrera en la que
realizó investigaciones reiteradamente premiadas. Pero, además, se ha
convertido en una figura popular con sus escritos sobre matemática en
periódicos y por su conducción de emisiones vinculadas con esa ciencia
en la radio y la televisión británicas. Precisamente, para justificar
ese singular éxito masivo abordando un tema aparentemente tan árido,
señaló: "La clave es saber transmitir tu pasión. La gente
inmediatamente se interesa por algo que es capaz de apasionar tanto a
alguien".
Tal vez sin advertirlo, Sautoy definía el fundamento mismo, la
verdadera esencia de la labor de enseñar. Quienes la realizan sólo
pueden hacerlo cuando logran transmitir a sus alumnos su propia pasión
por lo que conocen. Precisamente, uno de los factores que contribuyen
a la decadencia actual de la enseñanza reside en el hecho de que no
pocos de sus responsables carecen de real pasión por lo que deberían
transmitir. En nuestra época tal vez despierte mayor interés la
técnica de enseñar que lo que específicamente se enseña. Así, muchos
docentes parecen estar bastante preocupados por ser expertos en
pedagogía, pero no tanto por conocer lo que deben enseñar. Por eso, al
no trasuntar genuina pasión por eso que se supone que les interesa
tanto como para compartirlo con sus alumnos, no logran interesarlos.
Transmitir la pasión por el conocimiento es la clave, pero, para
hacerlo, en primer lugar es necesario sentirla.
Cada docente debería ser un ejemplo vivo de esa pasión. Sin embargo,
las expresiones de algunos maestros y profesores en los medios de
comunicación hacen que nos preguntemos de qué manera esas personas
pueden interesar a alguien. A veces, sólo logran articular alguna
frase en la que invariablemente lo único que surge son rastros de
teorías pedagógicas. Aparecen la contención, la expresión, la libre
creatividad, el equipo pedagógico, el respeto del alumno, el abordaje
multidisciplinario y otras que confirman que las aulas se han
convertido en un vasto consultorio psicológico. Lo que está ausente es
el saber, la pasión por conocer, en cuya transmisión se basa la
escuela y que es la que le da sentido como institución.
Para explicar su éxito, Sautoy completó su respuesta diciendo: "Hay
una segunda clave: que a todo el mundo le gustan los retos. Y, sobre
todo, la sensación que da conseguir que todo encaje. De ahí el éxito
de los sudokus". Aludía a otro de los elementos centrales de la
enseñanza: plantear retos a quienes aprenden, desafiarlos a encontrar
correspondencias. Y, además, incitarlos a experimentar ese placer que
sólo se siente al intuir que "todo encaja", aunque sólo sea un
momentáneo espejismo. Hoy negamos a las nuevas generaciones ese "gozo
intelectual" que Jorge Wagensberg considera "el gran logro de la
selección natural que da paso a la selección cultural y, con ella, a
la creatividad humana". Ni los padres ni los docentes estiman
conveniente desafiar a los niños y a los jóvenes a descubrir lo mejor
de sí, planteándoles exigencias crecientes y estimulándolos a
demostrar lo que son capaces de lograr cuando explotan al máximo sus
capacidades. Cualquier exigencia que se les proponga es interpretada
como un avasallamiento a su persona, una intromisión en su libertad de
ser. En este caso, en su libertad de ser... ignorantes.
Deberíamos volver a tener en cuenta las claves del enseñar que
recuerda Sautoy: sentir pasión por el conocimiento, transmitirla desde
el ejemplo y hacerlo con el convencimiento de que a los humanos nos
atraen los desafíos. Si no logramos que esas ideas regresen a los
hogares y a las aulas, de donde las estamos ahuyentando, la educación
no experimentará el cambio que todos decimos desear.
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