viernes, 12 de septiembre de 2008

Cuando el cine se transforma en una experiencia única.

En estos dias en la ciudad de las Artes exhibe la muy buena película
La orilla que se abisma del director Gustavo Fontán que la semana
pasada estuvo aquí para presentar dicha película.
Un celebración de la imagen y de la palabra dispuestos a homenajear la
poética del escritor Juan L. Ortiz.
Imperdible y una experiencia única de esas que muy pocas veces suceden
en el cine, para dejarse llevar.
No se pierda la posibilidad de experimentar un viaje a ninguna parte y
disfrutar de la música que solo la poesía de Juanele puede
transmitirnos.
Aquí una crítica de la pelicula para saber con que se encontrará.
Y un gracias a Fontán por permitirse filmar estas cosas y a nosotros
disfrutar de la experiencia.
Buen viernes y mejor fin de semana.

El navegante lúcido y el pasajero invisible
La orilla que se abisma

(Idem – Argentina / 2007 – 64min)

Dirección: Gustavo Fontán (Documental)

Sin palabras. Ahí está el río abriéndose en un plano. Sobre el agua y
a bordo de un bote la cámara se adentra en un viaje de fuga. ¿Fuga de
qué? Quizás del significado, tal vez del sentido. ¿Y acaso la poesía
no es eso?: una permanente fuga del sentido y las palabras. ¿Hacia
dónde van?, habría que preguntarle al poeta. Pero el poeta ya no está,
no existe y entonces qué mejor manera de evocarlo que imaginándolo,
pensándolo, reinventándolo en un cúmulo de sensaciones visuales como
si estuviera allí en el río, en ese bote que lo surca, acompañado de
un navegante lúcido. Ese navegante es Gustavo Fontán, artífice de La
orilla que se abisma.

Y si de orilla se trata, lo que el director de El árbol intentó con
esta obra es pararse a orillas del cine experimental o lo que muchos
denominan de vanguardia, a partir de un viaje por la poética del
escritor y poeta entrerriano Juan L. Ortiz. Igual que en su opus El
paisaje invisible, que traía a la memoria la figura del jujeño Jorge
Calvetti, también poeta, la idea del viaje se hace presente en la
manera con que Fontán aborda los recuerdos y la memoria. Pero ese
viaje en el caso de La orilla… es más hacia adentro que hacia fuera.
El adentro de lo que pudo haber inspirado al poeta cuando vivía
rodeado de la naturaleza; el adentro de ejercer -sin saber muy bien
cómo- el hábito de la contemplación para deslumbrarse con lo que no
puede abrazarse, como la naturaleza. Por eso, es la cámara y sólo ella
la que logra captar la esencia de la naturaleza sin recortarla en un
único significado, como suele darse cuando se utiliza una palabra.

La cámara de Fontán escudriña en los recovecos de las texturas y se
maravilla cuando descubre, por ejemplo, los colores vivos o el ojo
huidizo de un gato que apenas aparece. ¿Le gustarían los gatos a Juan
L. Ortiz? Seguramente, de ellos admiraría el halo de misterio, el
enigma que se lee en sus rostros o simplemente quedaría atónito porque
son animales, como con los árboles, o con el viento, o con el río, o
con los bosques… Un torbellino de imágenes, de colores que por
momentos convierten al río en una pantalla oscilante. Es ese cine
oscilante. Puro, inclasificable, impenetrable, el que se respira en
cada plano del film de Fontán, que debe mucho al gran aporte de la
fotografía de Luis Cámara.

¿Cómo plasmar en un lenguaje cinematográfico el mundo interior y la
inspiración de un poeta, sin traicionarlo, sin agotarlo en un anhelo
casi imposible? El realizador de El Canto del cisne parece haber
encontrado un camino: reinventándolo. Eso es lo que se respira en esta
apuesta a los valores expresivos del cine, donde la recreación de un
viaje por el río nos conecta con el mundo interior del poeta
entrerriano, quien aparece entre las imágenes como una suerte de
fantasma sin rostro; que se disipa en la bruma del recuerdo pero que
vive en cada latido de la naturaleza que está allí, majestuosa,
imponente, inescrutable como la mirada que surca el río y se pierde en
un naufragio de palabras transportadas por el viento y el silencio.
Palabras que no pueden escucharse aunque se sienten, se palpan, del
mismo modo que la presencia-ausencia de Juan L. Ortiz.

Pablo E. Arahuete

3 comentarios:

  1. No fui en esta oportunidad porque me quedaba un poco lejos, pero pude ver la película en el cine Gaumont Km0, cuando se estrenó.

    Fue uno de los mejores viajes que tuve a través de un río.

    Saludos

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  2. una experiencia genial a traves de un rio y de la vida...
    hay que verlas muchas veces y gracias a juanele y fontán que es un genio como director y como persona.,..

    gracia por comentar

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  3. Un hermoso comentario para una película de una hondísima serenidad.
    Pablo C.

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