dos que según cuentan es un Chabrol auténtico asi que creo sin temor a
equivocarme es uno de los estrenos de la semana en Córdoba.
Es por ello que recomendamos, casi como diciendo por favor, que la
vean ya que no creo dure mucho en cartelera.
Y celebramos el protagónico absoluto de la niña terrible del cine
francés, una belleza que dice más con sus miradas que con su bello
cuerpo. Una seductora que gracias a otro enfant terrible del cine galo
pudimos conocerla, hablamos de Fancois Ozon que la tuvo en casi
todos sus películas.
Es así que aquí aprovechamos el estreno de la pelí para conocer a esta
femme fatale que todavía dará mucho que hablar.
Buen jueves y felicidades a todos los maestros que son pocos pero
cuando uno los encuentra debe aprovecharlos.
Cartografía para descubir una actriz de raza.
Inocente pequeña arribista enceguecida por el universo de las
apariencias y manipulada por un escritor sexópata, Ludivine Sagnier
abraza una vez más el papel de la seductora fatal en Una mujer partida
en dos, de Claude Chabrol, y esto la sorprende.
"Cuando comencé en el teatro, me hacían hacer los papeles de la
mucama. No entiendo por qué, desde entonces, me imaginan como tal. Mi
físico es muy convencional. No bien me maquillo me convierto en
calabaza. Algún día se darán cuenta de que es nada más que una pose".
De todos modos, desde su primer papel importante en 2000, en Gotas que
caen sobre rocas calientes, Sagnier se impone como una rubia traviesa.
Epoca de intrepretar a una malvada en Ocho mujeres, a una sexy en La
piscina y a una tentadora lolita en La pequeña Lili, de Claude Miller.
"Terminaron por proponerme nada más que papeles acordes a esta imagen.
Hice una pausa y rechacé todas las ofertas de la típica descarada que
se desviste".
Nacida en 1979, con un padre que se desempeñaba como alto funcionario,
Ludivine Sagnier debutó a los 9 años en Les maris, les femmes, les
amants (Maridos, mujeres, amantes), de Pascal Thomas. Y todo fue de
casualidad. "Había acompañado a mi hermana Delphine a un casting y me
contrataron a mí..." recuerda. Sagnier hizo cursos de teatro en
Sevres, en el conservatorio de Versalles, interpretó obras de Oscar
Wilde y participó de varias películas para la televisión y trabajos
chicos para el cine, además de doblajes (la voz francesa de Natalie
Portman en El perfecto asesino de Luc Besson, por ejemplo).
Lanzada realmente por Ozon, su Pigmalión, encarnó desde entonces al
hada Clochette en un Peter Pan americano y comenzó luego "a envejecer
en el cine, a quemar las pistas". Hizo de sonámbula en Une aventure,
de Xavier Giannoli, de pícara enamorada fallecida en Les chansons
d'amour, de Christophe Honoré. La veremos también en la reaparición de
Un secreto, de Claude Miller, en donde interpreta a una esposa judía
abandonada.
Actualmente filma L'ennemi public nø 1, de Jean-Fran»cois Richet, una
película sobre Mesrine, en donde hace de Sylvia Jeanjacquot, última
compañera del truhán. "Interpretar a la mujer de un gángster es como
ser ¡un fantasma! Yo la veo como una mujer cariñosa y abnegada, que
está muy expuesta a la hostilidad de gente que está fuera de la ley
(...) No deseo juzgarla sino ser sincera...".
Sus directores elogian su moral, su sacerdocio. Sagnier confiesa que
su temperamento es el de "un pequeño soldado. Si caigo, me levanto, y
siempre creo en las cosas". A Sagnier le encanta, según admite,
sentirse "como sacudida por la mirada de un cineasta". Elige sus
papeles con exigencia y rechaza la idea de tener demasiados proyectos.
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