Este texto complementa algo de lo que escribì para el nùmero especial del Bicentanario de El vernàculo ( www.elvernaculo.com.ar) y que continùa con algunas de las indagaciones que vengo haciendo hace algùn tiempo sobre el cine nacional.
Un buen dìa para darlas a conocer,
buen martes y a disfrutar de la tarde....
El cine que nos mira: algunas cuestiones en torno al ùltimo cine nacional.
El cine nos permite -mediante sus mecanismos técnicas y realizativos- descubrir historias y relatos que configuran la memoria histórica de los grupos o comunidades de una sociedad.
Son estos relatos o discursos fílmicos los que permiten redescubrir o revelar diversos puntos de vista sobre hechos o acontecimientos de a la historia de los pueblos, además de incluirse en el imaginario colectivo de los distintos grupos sociales.
Mediante las imágenes que el cine propone accedemos a versiones de la/s historia/s que explican de una manera u otra la forma de ser de un país y son otra posibilidad -una más- de conocer como funciona la memoria de dicha sociedad.
Es por ello que este dispositivo mediático se inscribe simbólicamente en el conjunto de discursos en lo propio de una cultura para mostrarnos como funciona dicha trama discursiva y hacernos ver -técnica de por medio- situaciones que a veces hemos olvidado o no queremos recordar.
Como planta Eduardo Grüner: "El cine es nacional y social" y nosotros podemos agregar: Es testigo presencial de cómo cada sociedad discute/dialoga sobre sus propios conflictos, y a partir de sus creaciones estéticas propone imaginarios posibles donde la Cultura va a constituirse desde los múltiples encuentros de diferentes visiones/versiones y los usos que de éstos discursos se realicen.
"Más que del mensaje, más que del valor en sí de una película o de un conjunto de ellas, parece preferible hablar de un uso del cine. Cada etapa histórica, en cada lugar, legitima determinados usos donde encontramos por último, su significación, su inserción social. Cada época produce (admite) un cine, el cine socialmente posible, en el que se sintetizan múltiples coordenadas y donde puede reconocerse un lenguaje específico, con su historia, sus condicionamientos, sus interrelaciones."
Un ejemplo reciente de lo que aquí se plantea y cómo el discurso cinematográfico puede ser empleado en la explicación de lo social y la representación de la memoria colectiva es la película "Iluminados por el fuego" (2004) de Tristán Bauer que luego de veinte años de acontecida la Guerra de Malvinas vuelve a poner en discusión y circulación dicho tema, obteniendo la atención de los públicos más diversos, permitiéndonos RECORDAR un acontecimiento olvidado y marginado de la historiografía oficial.
El cine es el que permite acceder a una revisión de cosas ya vividas por parte de una comunidad y desde allí nominar o categorizar dichas vivencias.
Aquí es donde la idea del cine como algo nacional y social cobra fuerza instalándose como un discurso fundante de la cultura de cada país.
Vemos entonces la importancia del cine como técnica, que permite colaborar en la constitución de la identidad de una nación y la posibilidad que tiene la memoria histórica de hacerse presente y mantenerse viva entre los integrantes de una comunidad.
Como plantea Todorov "tanto los individuos como los grupos tienen necesidad de conocer su pasado: es que su misma identidad depende de ese pasado, aún cuando no se reduzca a él. Tampoco existe un pueblo sin una memoria común. Para reconocerse como tal, el grupo debe asignarse un conjunto de conquistas y persecuciones pasados que permite identificarlo."
El cine como discurso social construye un espacio fundante desde donde decir lo indecible, desde donde mostrar en imágenes lo que la sociedad, a veces, no puede ver o escuchar.
En ese espacio es donde la memoria colectiva e histórica de una sociedad sale a la luz y donde se reconocen rasgos indentitarios de un país, de un grupo y donde se problematizan cuestiones que la sociedad tiene y, en algunos casos, no discute ni reflexiona.
Creemos que el cine (como el vital arte argentino de las ùltimas dècadas) intenta desde narrativas distintas, estèticas particulares y polìticas autorales diferenciadas interrogar al paìs, a la Naciòn ( que bien o mal) hemos logrado construir entre todos, a los grupos diferentes que habitan el suelo nacional.
Desde la`dècada del 90 a este bicentenario 2010 asistimos a una renovaciòn de la cinematografìa nacional en donde nuevos directores intentar mostrar sus historias que , segùn ellos creen, son las nuestras tambièn.
Aires frescos, corrientes innovadoras que en su conjunto instalaron el cine argentino a nivel mundial posibilitando que la gente vuelva a las salas a ver cine nacional, a que disfrute de historias que nos son cercanas ( o no) pero que respiran cierto aire argentino y un espiritu de època particular.
Por eso en este cumpleaños de la Patria en estos 200 años nos gustarìa dejar algunos nombres de pelis que bien valdrìa la pena ver, revisar o reveer ya que nos parecen interesantes como ejemplo de lo que venimos planteando y para conocer ciertas narrativas y estèticas que nos debemos animar a descubrir.
En la revista digital El vernàculo (www.elvernaculo.com.ar) en su nùmero 93 dedicado al Bicentenario en el texto que suscribo hay una lista de nombres y pelis que sirven de complemento a esta que darè aquì ya que nuestra joven cinematografìa tiene, aunque mucho digan lo contrario, una vitalidad, una diversidad y talento que asombra a propios y extraños.
Por eso para remarcar algunos directores hemos elegido estos que no tienen demasiada prensa ni presencia en los medios pero que valen la pena ser destacados y sus pelìculas vistas porque nos dicen algo de nosotros mismos...
Lisandro Alonso desde un cine ascètico, sin muchas palabras pero con mucho de poètico intenta mostrarnos y que reflexionemos en torno a las posibilidades de la libertad, de los lìmites, de las càrceles cotidianas y lo que implica quedar fuera de todo lugar, es decir, a la intemperie.
Con un registro que lo acerca a lo documental su ficciòn nos regala poesìa de la mejor tradiciòn cinematogràfica. Un autor potente con una mirada polìtica que nos regala un cine no complaciente y si que nos invita a pensar.
La libertad, Los muertos, Fantasma y Liverpool son joyas de nuestro cine que merecen ser desde ya clàsicos de nuestra cinematografìa.
Gustavo Fontàn un director que cruza literatura y cine proponiendo en cada pelìcula un nuevo ensayo cinematogràfico. Un creador particular que en cada opus nos hace descubrir nuevas sensaciones. La orilla que se abisma con textos de Juan L. Ortiz es un hallazgo que se disfruta en toda su extensiòn. Un viaje a la condiciòn poètica y cinèfila del hombre. Sus otros documentales son aportes importantes al gènero: El àrbol ( 2006) y La madre (2009).
Esteban Sapir una rara avis en la cinematografìa nacional, con sòlo 2 pelìculas y colaboraciones en la direcciòn de fotografìa en una cantidad importante de pelìculas nos trae un cine distinto, con una fuerte impronta en las imàgenes que hablan por sì solas.
Dos experiencias disnarrativas que aportan al cine nacional algo que no se encuentra fàcilmente. Picado fino que funda casi el Nuevo Cine Argentino y La antena de hace unos años nos devuelve la potencia de la imagen y ellas se narran por si solas. Una cine distinto que dice mucho aunque hable poco.
Santiago Loza el crèdito cordobès que desde Extraño hasta la premiada Los labios nos demuestra que las cosas no dichas, los gestos, las miradas aportan màs que las palabras mismas. Su cine tiene la potencia de "esculpir en el tiempo" y en esa energìa se concentra su cine que muestra que sucede cuando los vinculos se desgastan, se agobian y queda poco por hacer.
Un cine personal que pelìcula a pelìcula va decantado cosas y ofreciendo mejores registros, asi lo confirman Extraño, Cuatro mujeres descalzas, La invenciòn de la carne y Los labios (codirigida junto a Ivàn Fund). Ademàs de buenas pelìculas dirige a sus actrices de una manera formidable y particular. Es por ello que el Jurado de la secciòn Una cierta mirada premiò a sus tres actrices protagònicas en el recientemente finalizado Festival de Cannes. Un mèrito de las chicas pero tambièn de un gran director de actores.
Cuatro ejemplos, cuatro miradas que se suman a otras màs que nos invitan a celebrar y estar orgullosos del cine que tenemos ya que goza de buena salud, mantiene en alto una calidad asombrosa y deslumbra donde se presente.
Por eso sumamos estos nombres a los de Trapero, Caetano, Martel, Burman, Rejtman, Acuña, Llinàs que hacen en su conjunto un buena selecciòn y uno pide es que sigan filmando, proponiendo nuevas miradas, historias que nos hablen de nosotros mismos y desde allì pintando la aldea diseñen cartografìas posibles.
Por que otro cine nacional es posible y real.
Porque es necesario que existan esas nuevas miradas, esas corrientes de aire fresco que nos devuelvan imàgenes de nosotros mismo.
Porque pone en movimiento y practica lo que el crítico francés Serge Daney define como característica esencial de la imagen cinematográfica en el mundo contemporáneo: "En tanto que una imagen esta viva, en tanto que impacta, en tanto que interpela a un público, en tanto que produce placer, esto significa que funciona en ella, o su alrededor, oculto en ella, algo que es dominio de su enunciación primitiva (PODER + ACONTECIMIENTO = he aquí). En el cine la enunciación es quizá, oculta en alguna parte, una pequeña reflexión del motto lacaniano: "¿Quierés ver? Pues bien; mira esto!"
y a disfutar de esta pasiòn que es el cine,
sus directores,
actores y
los que posibilitan esa magia cotidiana.






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