PRONUNCIAMIENTO DE LOS ARTISTAS DE LA ESCENA CORDOBESA
-JUNTOS por políticas culturales integradoras-
Desde hace unos largos años, las políticas culturales cordobesas
-tanto municipales como provinciales- han quedado libradas a la mala,
ineficiente, pobre, mezquina decisión de los políticos de turno. Se
deduce de esto que no se trata de gobiernos de determinado signo
político, sino de una desidia cordobesa ya instalada hacia su
comunidad artística.
Frente a esta situación, los hacedores teatrales de esta ciudad
seguimos produciendo, asumiendo con pasmosa naturalidad la
indiferencia gubernamental hacia nuestro trabajo. Indiferencia que, de
tanto en tanto, intenta ser paliada con alguna que otra convocatoria,
algún que otro festival, algún que otro premio. Eso no agota el
problema. Espejitos de colores nos hacen creer que tras esos eventos
esporádicos se evidencia una preocupación legítima por la dinámica
cultural de nuestra provincia. Pero esa es la condición, metáfora,
potencia de los espejos de colores: se rompen, no tienen valor
simbólico real, no pasan de ser distracciones para los problemas de
fondo.
Actualmente, tanto municipalidad como provincia tienen una deuda que
ya cumple un año con muchos grupos de teatro: ediciones de 2011 del
Fondo estímulo a la actividad teatral independiente; Mes del Niño; 50%
de los premios a la producción TEATRES, así como todos los apoyos a la
producción de la Convocatoria de Artes escénicas. Una parte (pequeña)
de esta deuda empezó a ser saldada recientemente, hace muy pocos días,
al hacerse público este reclamo, así como nuestra organización.
A esta situación debemos agregarle el letargo en el que está sumida la
reconstrucción de nuestro Teatro Comedia; el estado lamentable en el
que se encuentran todos los centros culturales de esta ciudad, que en
algún momentos fueron importantes polos de actividad cultural; la no –
realización de las Cien horas de teatro 2012, evento creado por Jorge
Villegas; el no- llamado a las convocatorias en artes escénicas 2012.
Pareciera ser que el cuidado por la vida cultural y sus espacios,
dependen del humor del funcionario de turno, y no de una valorización
sostenida y defendida por aquellos que debieran ocuparse de ella.
Alguien que está en cultura, debe velar por la cultura, no vetarla, no
taparla, no dilatarla.
Muchos de nosotros vivimos de la producción teatral. No es un hobbie.
No es un pasatiempo. Es nuestro trabajo. El arte, en todas sus
manifestaciones, es y fue desde el inicio de la humanidad, un espacio
de reflexión, disfrute, uno de los espacios políticos por excelencia.
Es por esto que decidimos, conjuntamente, visibilizar esta situación.
Nosotros, como creadores, vamos a seguir produciendo. Porque amamos lo
que hacemos. Eso no le quita al gobierno la obligación de pagar lo que
debe, ni la de generar políticas claras y sostenidas en el tiempo.
Como sector no somos militantes políticos ni tenemos poder de decisión
en lo económico, no integramos cámaras que defienden nuestros
intereses empresariales, no somos elegidos por la voluntad del pueblo;
lo menos que nos queda es hacer muy bien lo que sabemos hacer. No
alcanza con esforzarnos por ser buenos artistas, debemos sumar nuestra
capacidad de lucha colectiva por un modelo que, aún siendo regla,
pueda mostrar con orgullo el respeto a la existencia de la excepción.
Somos parte de esa excepción, somos minoría, siempre lo fuimos. Eso no
nos quita importancia: seguimos siendo parte vital de la sociedad. Esa
vitalidad es la que hay que respetar.




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