miércoles, 23 de mayo de 2012

Cinéfilo invita a gozar de ciertas pasiones que no hay que evitar: programaciòn de esta semana patria.

Una vez mas compartimos con ustedes nuestra programación y agradecemos
su difusión. Los esperamos siempre en nuestro espacio Cinéfilo Bar.

cinéfilo




Miércoles 23/5

Los viajes de Alexander. Foco Sokúrov

Elegía Oriental de Alexander Sokúrov (Rusia/Japón, 1996, 43') + Una
vida humilde de Alexander Sokúrov (Rusia, 1997, 75')



Mostrar el tiempo, por ejemplo, o más bien cómo éste subtiende,
delinea y jerarquiza la puesta en escena de Elegía Oriental: planos
largos cuando Sokúrov importuna a sutiles fantasmas japoneses con
preguntas cegadoramente rusas ("¿Qué se le puede pedir a Dios? ¿Por
qué hay tanta tristeza en la poesía? ¿Qué es la felicidad?"), menos
extensos y situacionales cuando escudriña en las casas de esa aldea
filmada como Kurosawa y Mizoguchi hubiesen querido filmar -aunque una
mixtura de Los siete samurais y El Intendente Sansho probablemente
igualaría este prodigio- una luz que delate alguna ensoñadora
presencia a la cual visitar, decididamente más cortos en los jardines
y las estatuas que habitan en el exterior de un lugar invadido por la
bruma, envuelto en cantos de sirena orientales, ecos de música clásica
y vientos fantasmagóricos. Todo el tiempo real, justo y necesario para
abrir una puerta y que esa silueta inquietantemente parecida a
Tarkovski -o quizá sea él pero no un deseo de parecerse a él- se asome
a contraluz en el marco de un plano que Godard pondrá en la segunda
entrega de Historia(s) del cine. Y, finalmente, el tiempo mismo del
film, cerca de la poiesis cinematográfica de Eliot del "sólo a través
del tiempo se conquista el tiempo"  y que soslaya cualquier intento
por delimitarlo en una categoría métrica, por encerrarlo en un
análisis cuantitativo, por inscribirlo en un manual de aprendizaje.
Los homenajes fílmicos, las visitas no guiadas y las conversaciones
fantasmáticas duran lo que tienen que durar los homenajes, las visitas
y las conversaciones en una pantalla de cine, la imaginación debería
ocuparse del resto. Tal vez era necesario que un peregrino de la Madre
Rusia deambulara por una pequeña isla hecha a la medida de sus sueños
para que un cineasta ruso continuara recreando las formas temporales
del cine. Filmar fantasmas extrañamente familiares sin los habituales
atuendos del olvido parece ser una práctica habitual entre ciertos
amigos de esa Isla.

Donde sí  se podría escribir un tratado, o un análisis serio, acerca
del trabajo con el sonido y la luz en relación con los espacios de la
casa es en Una vida humilde, de cómo en un principio transitamos por
un lugar que parece vacío escuchando las pisadas -¿de aquél que filma?
Seguramente-, los ruidos que provienen desde el exterior y que
susurran en los pasillos, que crujen en el piso, que mueven las llamas
del brasero. También se podría escribir acerca de cómo esa casa
adquiere una dimensión humana, poco a poco, como pidiendo permiso para
filmar una presencia, "la" presencia de esa casa, tan ajena a Sokúrov
como a nosotros, y de cómo una profunda sensibilidad rusa tiene que
habérselas con silencios y confección de kimonos, rezos contemplativos
y cotidianidad resolutiva. Y entonces llega un momento en que todo
parece poblarse, todo eso está vivo, respira, y los peregrinos-monjes
que esperan en la puerta una (humilde) ofrenda de lo que sea invaden y
desarman el espacio en un plano que parece "momificado", una pintura,
un exquisito dibujo, pero que se mueve; el cine está allí. Y está
también en la lectura de las poesías, tristes pero no nostálgicas, que
la anciana lee para Sokúrov, para nosotros, para mostrarnos, una vez
más, que no se trata de penetrar los recónditos designios de una
(otra) humanidad, develar algo así como la psicología de un pueblo a
través de una figura que, casi, existe sólo para aquél que la filma y
para nosotros. Se trata del tiempo, el de la casa y el del trabajo, el
de la anciana y el de aquellos que ya no están; el de la soledad. Se
trata de detenerse filmando, de ver esa danza, todo se mueve aunque
necesitemos tiempo -el del film, el del cine- para movernos junto a
otras maneras de frecuentar por él. En Elegía Oriental los fantasmas
presiden, se conversa con ellos, se aprende de ellos; acá se platica
con la porfiada existencia de un estar en este mundo. El cine se trata
de esta conversación. Fernando Pujato



Jueves 24/5

Estrenos argentinos

Noche sin fortuna. Un documental sobre Andrés Caicedo de Francisco
Forbes y Alvaro Cifuentes (Argentina, 2010, 86')



Lo primero que sorprende es que la película está hecha por dos
jóvenes, que por su edad, no pueden haber conocido a Caicedo en vida,
ni formado parte del llamado GRUPO DE CALI, del cual Caicedo fue una
especie de centro simbólico. Podríamos decir entonces, que los
directores no gozan de esa "autoridad", o por lo menos, que van a
contar una historia que le es ajena, que no protagonizaron, que tienen
que salir a buscar. Uno podría imaginar que esta situación se traduce
en una manera particular de abordar el relato: poner en perspectiva al
personaje y su contexto, tomar distancia, para poder hacer una
reflexión crítica, motivada por el paso del tiempo y por la conciencia
del destino que les deparó los años vividos al límite. Pero no. Si
bien Forbes y Cifuentes se encuentran con lo que quedó de esa
generación y de los lugares que habitaron (uno puede ver y percibir
las ruinas del tiempo de Caicedo en la cantidad de gente muerta, en lo
desgastado y cansado del rostro y el relato de algunos personajes
entrevistados) la película se instala en otro terreno, en el del mito,
en el de la fascinación por un personaje que les parece extremadamente
genial y misterioso. No interesa ya el grado de verdad ni el apego a
la realidad que haya en la figura que se construye; interesa erigir
una imagen, despareja brutal feroz exagerada, partiendo de los objetos
que constituyen ese mito: anécdotas, cartas, guiones, música, cuentos,
dudas, rumores. E interesa que el movimiento que encadena todos esos
materiales goza de una actitud creativa, generada por el infinito amor
al material. De este movimiento surgen momentos sublimes como el
western/storyboard/animación basado en un guión que Caicedo nunca pudo
mostrarle a Roger Corman. Y sobre todo interesa que la película invita
a ver más, a escuchar más a leer más sobre Caicedo. Y a Caicedo.
Ramiro Sonzini



Viernes 25/5

El fin del mundo es el principio de una nueva era

20.30 hs. – Chico Xavier de Daniel Filho (Brasil, 2010, 124')




No dejen pasar por este lugar que huele y sabe a pasiòn cinèfila...
Bv San Juan 1020.

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