jueves, 27 de agosto de 2009

El placer de la buena mesa y de los ritos familiares.

Es uno de los estrenos de la semana en Còrdoba y creemos por todo lo
que hemos leido y por sus filmes anteriores que esta gran cena filmada
por Abdellatif Kechiche merece ser viste.
El tema de la inmigraciòn en Francia, los lazos familiares, las
tradiciones y la memoria cultural y familiar son algunos de los ejes
que en este filme se trabajan todos rociados con ricos aromas y
colores...
Es por ello que recomendamos pasar a ver Cous, Cous la gran cena y
disfrutar de esta exquisitez cinematogràfica que por unos dìas se
exhibe en Còrdoba. Les dejo, para convecerclos que asì lo hagan la
crìtica que la revista especializada El amante publicò el mes pasado.
No dejen de pasar por el cine y de probar este rico banquete.

Cous cous, la gran cena


La Graine et le mulet
Francia, 2007, 151'

dirección
Abdellatif Kechiche
guión
Abdellatif Kechiche
producción
Claude Berri
montaje
Ghalia Lacroix
fotografía
Lubomir Bakchev
intérpretes
Habib Boufares, Hafsia Herzi, Farida Benkhetache, Abdelhamid Aktouche.


Polleras coloradas
Por Marcela Gamberini

Cous cous, la gran cena empieza y termina con una imagen similar. Una
mujer seduce enfundada en una pollera colorada. No es la misma mujer,
pero eso es lo de menos; la imagen suscita deseo, placer y sudor.
Riesgo. Seducción. El deseo se desboca y entra en la pantalla de la
mano de las caderas de las mujeres, desde el principio hasta el final.
Porque efectivamente es ésta una película de mujeres. Ellas llevan la
fuerza del relato, lo empujan, lo seducen y lo muestran al espectador
en su estado más puro. Una pollera colorada. Un baile caliente. Una
comida casera. Una charla amena. Un llanto conmovedor.
La historia es sencilla. Una familia de inmigrantes magrebíes en
Francia vive en una ciudad ubicada en la ribera del Mediterráneo. El
padre de esa familia se queda sin su trabajo de años en el puerto y su
última acción para con los suyos va a ser repartir pescado, comida a
sus allegados. Este padre tiene varios hijos e hijas, suyos y de su
actual mujer. Los míos, los tuyos, los nuestros, como se suele decir.
Agobiado, va a intentar el negocio de su vida: abrir un restaurante en
un barco abandonado. Y ésa es la película: cuenta la historia de un
grupo familiar que, mancomunado, intenta una vía de escape a la
situación que el contexto social europeo les propone. Cous cous… se
hace cargo de las dificultades de los inmigrantes en un país europeo;
todo se torna más difícil para ellos, pero la solidaridad y el
acompañamiento de unos y otros es lo que los salva. Es interesante ver
cómo estos inmigrantes, a pesar de las adversidades, nunca pierden su
identidad, aunque convivan con franceses y esta identidad esté
representada en el cous cous, plato hecho a base de sémola de trigo,
típico de muchos pueblos del norte de África.
El cous cous va y viene en la película. Crudo, cocido, hecho con
verduras o con pescado. Sigue el movimiento de los personajes, que
resultan en la mayoría de los casos entrañables y queribles. La cámara
de Kechiche, siempre atenta a sus criaturas, los enfoca en la mesa,
hablando, cocinando, traicionándose, llorando. Siempre es una cámara
ávida y certera, con planos cerrados sobre los rostros de los
integrantes de la familia; creando un clima de intimidad doméstica y
de pura intensidad. Un buen ejemplo de esto es la comida que comparten
en familia, todos abarrotados alrededor de una mesa tal vez pequeña
para albergar a tanta gente pero que la cámara de Kechiche sabe
contener y retratar. En esta comida las miradas de las mujeres son
amplias y profundas, se cruzan y se descruzan todo el tiempo entre
ellas y con los hombres de la familia, demostrando su fuerza, su
inventiva, su resolución.
Ser mujer en la mirada de Kechiche es una construcción social, no es
una mera definición normativa. Ser mujer es llevar el peso de la
tradición, es resolver las cuestiones no sólo domésticas, es poner en
escena cuerpos que se mueven constantemente. Y ésta no es la mujer
francesa, ni europea, ni americana; las que están presentes en la
película son mujeres magrebíes, que llevan pegado a su cuerpo la
identidad africana y no están dispuestas a perderla. Son fuertes y
parlanchinas, son verborrágicas. Se atoran de palabras y de acciones.
Hablan y hacen a la vez. Se ríen y sufren, lloran y se atreven a más.
Familias matriarcales en las que el discurso femenino no sólo es el
dominante sino que además excede los límites de la narración. La mujer
es la que se ofrece, es la que se exhibe y también la que hace, la que
lleva a cabo, la que consigue, la que puede atravesar la realidad y
desarticularla. Los hombres, en la película, son débiles satélites que
giran alrededor de las figuras femeninas. Ellos son imperceptibles,
traicionan, se equivocan, corren detrás de la nada, lo que se
representa en la secuencia del hombre que corre agitado tras la moto
perdida, cayendo, finalmente, derrumbado por las circunstancias.
Kechiche es el que redefine el imaginario femenino, anclándolo en una
clara conciencia social, una tradición, una ideología.
Cous cous es el tercer largometraje de Abdellatif Kechiche, director
tunecino que supimos conocer con Juegos de amor esquivo (L'Esquive,
2003), una película también entrañable sobre un grupo de adolescentes
que representa una obra de teatro. Ya en esa película, Kechiche nos
hablaba de la fuerza de las mujeres, de las dificultades de los
inmigrantes, del poder de la seducción, del juego erótico de los
cuerpos. Este director arma potentes relatos, con buen ritmo
narrativo, tratando a sus criaturas con una gran dosis de ternura y
afecto. Es evidente que el cine no cambia al mundo, pero a veces se
puede, como Kechiche, sugerir que otro mundo, más justo, más amable,
más arriesgado es posible.


Buena noche y mejor trasnoche de viernes ideal para tantas cosas....

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