domingo, 2 de agosto de 2015

Todos somos Laura Moyano.

Para pensar (nos)


A Laura Moyano, asesinada cruelmente por todos ustedes.
Camila Sosa Villada
Ay hermana, hermana, qué cosa triste tu muerte.
Mirá que no te conocía,
Pero el lenguaje travesti es universal,
Como el esperanto.
Miro tu foto y adivino en tus ojos,
La misma tristeza y desesperanza que hay en los míos
Y eso, por mucha ley y mucha juventud
Que se cree que por no llamarnos con pronombres masculinos
Ya nos están incluyendo en la nomenclatura del mundo,
Parece que no va a borrarse.
No creo que haya cosa más triste que la muerte de una travesti.
Es como si la muerte muriera dos veces en vez de una.
Si me preguntás qué tipo de rostro tiene la muerte,
Yo me imagino que es una travesti muy vieja,
Superviviente de todo, absoluta,
Como Alá, Jesucristo y Buda.
Todo el tiempo la muerte, ahí, esparcida en la sangre,
Reafirmada en los golpes, majestuosa en la soledad,
Abrigada con nuestra propia piel cuando hace frío,
El deseo de la muerte en nuestra barba,
En lo plano de nuestro pecho,
En lo tosco de nuestra frente.
Pienso en tu muerte y en todas las ocasiones
Que escapé de su cuerpo huesudo
Aunque no tanto como el nuestro,
Que siempre andamos con los huesos al aire
Y pienso cómo seguir ahora…
Cómo evitar odiarlos a todos,
Cómo evitar no querer destajarse a cuchilladas
Con cada uno de ellos.
Si la muerte pide, y pide, y pide,
Cada vez bocados más grandes de nuestra
Miserable existencia.
Ay Laura querida, si habremos sido hermanas…
Limpiando mugres ajenas para poner un pan sobre la mesa
Que no alimenta a nadie,
vendiendo este cuerpo negro, cegado,
Al servicio de vaya a saber una qué hijo de puta.
Cómo no querer saltar del balcón y arruinarle el domingo a todos.
Si tu muerte es también la muerte de la muerte,
Que en vez de rozarte ya anciana, con su blanco dedo,
Mandó a un par de subordinados para que hicieran su trabajo.
Te pregunto lo que me pregunto a mí misma,
Como si tu cuerpo muerto, ahora mutilado y vuelto noticia,
Fuera mi propio cuerpo que te confieso, hermana,
De las 24 horas que tiene un día, diez, prefiere morir.
Antes de que tu corazón anclara su barco en el muelle del Estigia,
Cuántas veces te abrazaron?
Cuántas veces te sentiste parte de alguien, o de algo?
En qué, de todo este mundo que dicen que es de todos por igual,
Encontraste refugio?
Sabés que es lo que más pena me causa? Que estabas aprendiendo a leer
y escribir.
Eso salva hermana. Y nosotras, salvadas, somos peligrosas como mono con navaja,
Apenas si pueden con nosotras ignorantes, con hambre, con frío,
Imagínate lo que hubieras hecho si hubieras sabido leer y escribir.
Mirá hermana, te escribo llorando, pero no por tu muerte,
Que es la mía también, y es la muerte de todas las travestis de este mundo,
Lloro porque con todas las letras de esta lengua,
No pudimos escribir la palabra piedad.
Cuánta impiedad hijos de puta!
Cuánta condena inútil hacia nosotras que somos inocentes como perros!
Si no tenemos pecado, si no tenemos otra cosa por dentro
Que el mismo deseo que tienen ustedes.
Encontrarnos con un pensamiento que nos justifique la vida.
Pero es tarde hermana…
Todas esas tardes de niño preguntándonos a dónde iremos a parar
Si finalmente cambiamos la pollera por el pantalón,
Todas esas tardes esperando lo que algunos incluso se dan el lujo de prescindir,
Todo lo que otros afortunadamente pueden rechazar
Y que para nosotras es como el mismísimo pan que nos cuesta tanto ganar.
Ay Laura, el frío que habrás sentido,
El enorme desamparo, incluso más enorme que todas las promesas de la biblia,
Que todas las promesas del capitalismo,
Que todas las intenciones del comunismo, de la izquierda,
De la centro izquierda y la centro derecha,
Más enorme que todos las quimeras de la anarquía,
De Green Peace, de las fundaciones que defienden animales,
Más enorme que la tiranía del dinero,
Más enorme que las promesas de campaña…
Ese desamparo es también mi desamparo,
Y esa soledad tuya es la misma soledad
Que viene a sentarse cada día en mi falda,
Desde los tristes recreos en los que mi guardapolvo colgaba
De un banquito al fondo del patio de la escuela
Porque nadie quería jugar conmigo.
Me dan ganas de salir a la calle con un megáfono
Que les haga sangrar los oídos
Para pedirles que detengan el mundo,
Que ha muerto una travesti.
Pero qué van a saber, Laura… qué van a saber.
Si nos han metido en una cueva como si fuéramos de mal agüero.
Todo el tiempo este sentimiento de que nadie nos quiere,
Esta amargura de no tener olor, ni forma, ni sabor,
Esta amargura de pensarnos siempre como las peores,
Agachando la cabeza, demostrando a cada uno de los que se nos acercan,
Que tenemos un corazón que tiene el tamaño de nuestro puño,
Que late y es blando, como son blandas todas las ideologías de este mundo,
Salvo la del odio.
Sabés qué me gustaría Laura?
Que en tu cielo abundara todo lo que te gustó en esta vida
Y que la última imagen que viste en tu vida,
Sea la de tu propio rostro,
Inocente por demás, diciéndote que descanses.
Ser travesti es ser esclava y arrastrar pesadas cadenas,
Y extraer de los muros de piedra algo que se parezca a la compasión.
Sólo eso me gustaría, que estés descansando ahora
de todo lo que nos hicieron y nos hacen cada día.
Este castillo de naipes se derrumba
Y otra vez muero con vos,
Que no tengo el coraje de tirarme por el balcón
Con una nota que dijera:
Abran paso a la ternura.
Afuera los novios se abrazan,
Las familias despiertan
Y parece que la máquina funciona a la perfección.
El perdón no alcanza, ni el de nuestros padres
Ni el de los hombres que no supieron querernos,
Ni el de nuestros hermanos que no supieron mirarnos
Ni el de los gobiernos ni alcanzaría siquiera
El perdón de la mismísima papo francisco.
Hay que andar sobre nuestros zapatos baratos
Muchos kilómetros para entender
Qué clase de dolor es el que nos carcome.
Afuera promete ser un día de sol.
Por dentro, te invitaría a jugar a las muñecas
Y a disfrazarnos de Billie Holiday,
Que ella, aunque tenía una concha del tamaño del mar Mediterráneo,
Era nuestra hermana y nos hubiera hecho el desayuno,
Prestado sus vestidos y cantado para curarnos un poco el corazón.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario